por Editorial Casals | 27 Mar, 2026 | Despertar religioso Historias de la Biblia
El domingo de Ramos
La noticia del gran milagro llegó a todas partes. Cuando Jesús entró en la Ciudad de Jerusalén montado en un borriquillo, la gente salió a recibirle con palmas y ramos, cantando: «¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».
«¡Bendito seas, Señor!»
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La Última Cena
El Jueves Santo, un día antes de morir, Jesús se reunió con los Apóstoles y les invitó a cenar. Sería la Última Cena. Jesús les dijo: «Tenía muchas ganas de estar con vosotros esta noche…». Y les enseñó muchas cosas, que sus amigos nunca olvidarán.
«¡Jesús: que tenga muchas ganas de estar contigo!»
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Jesús nos deja la Eucaristía
Después, Jesús, que nos quiere mucho, y todo lo puede, convirtió el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre, y se los dio a sus discípulos. Los Apóstoles recibieron entonces su Primera Comunión. Jesús nos deja la Eucaristía para así quedarse siempre con nosotros. Él está en el Sagrario y podemos ir a visitarle.
«Jesús, gracias porque te has quedado en el Sagrario»
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Jesús nos da el Mandamiento Nuevo
Después de hacer aquel gran milagro, Jesús quiere que aprendamos su última lección: «Un nuevo mandamiento os doy: amaos los unos a los otros como yo os he amado. En esto conocerán todos que sois mis discípulos». Todos los cristianos formamos una gran familia y hemos de querernos mucho, ayudándonos unos a otros, en especial a los más necesitados.
«Jesús, ayúdame a querer a todos»
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De La Biblia más infantil, Casals, 1999. Páginas 106 a 109
Coordinador: Pedro de la Herrán
Texto: Miguel Álvarez y Sagrario Fernández Díaz
Dibujos: José Ramón Sánchez y Javier Jerez
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por Editorial Casals | 26 Mar, 2026 | Despertar religioso Historias de la Biblia
Marta y María
En un pueblecito llamado Betania, vivían tres hermanos: Marta, María y Lázaro, a los que Jesús quería mucho. Un día le llegó a Jesús una triste noticia: «Lázaro ha muerto». Entonces Jesús fue a Betania, donde le recibieron las dos hermanas llorando. Marta le dijo: «Si hubieras estado aquí, Lázaro no habría muerto». Jesús respondió: «No te preocupes, Lázaro resucitará».
«Que mis hermanos y yo seamos muy amigos tuyos»
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Jesús resucita a Lázaro
Jesús fue hasta el sepulcro y mandó quitar la piedra. El sepulcro donde estaba enterrado Lázaro era una cueva con una piedra tapando la entrada. Las hermanas le advirtieron que ya olía mal, pues llevaba cuatro días muerto. Pero obedecieron y abrieron la cueva. Jesús gritó con fuerte voz: «Lázaro, sal fuera». Y Lázaro salió vivo, vendado de pies y manos.
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De La Biblia más infantil, Casals, 1999. Páginas 104 a 105
Coordinador: Pedro de la Herrán
Texto: Miguel Álvarez y Sagrario Fernández Díaz
Dibujos: José Ramón Sánchez y Javier Jerez
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por Guillermo Mirecki | 23 Mar, 2026 | Confirmación Dinámicas
Vocación, pureza y fidelidad en el camino cristiano
Objetivo de la sesión
Ayudar a los jóvenes a descubrir que la vocación cristiana es una llamada personal de Dios que se vive en fidelidad cotidiana, aprendiendo de santa Catalina de Suecia a unir pureza, discernimiento, vida interior y continuidad en la misión de la Iglesia.
Duración total:
Introducción (8 min) – Uso (5 min) – Hagiografía (18 min) – Profundización teológica y vocacional (20 min) – Lectura de la imagen (8 min) – Actividades (25 min) – Oración (10 min)
Introducción
El ser humano busca constantemente sentido: qué hacer con su vida, hacia dónde ir, qué decisiones tomar. Sin embargo, la fe cristiana enseña que la vida no es un proyecto propio que se inventa, sino una llamada que se descubre. El Señor dice: “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto” (Jn 15,16, Biblia CEE).
Santa Catalina de Suecia vivió profundamente esta verdad. No buscó su propio camino, sino que aprendió a escuchar a Dios en cada etapa de su vida.
Hoy la pregunta es clara: ¿estoy viviendo lo que quiero… o lo que Dios quiere para mí?
Uso de la catequesis
Esta sesión puede dividirse en dos bloques: vocación y pureza, y discernimiento y fidelidad. El catequista debe ayudar a los jóvenes a pasar de una fe superficial a una fe que implica decisiones reales.
Hagiografía

Santa Catalina de Suecia nació en el siglo XIV, hija de santa Brígida, en un ambiente profundamente cristiano. Desde joven aprendió el valor de la oración, la vida interior y la obediencia a Dios.
Fue dada en matrimonio, pero vivió esta realidad de forma profundamente cristiana, manteniendo con su esposo una vida de continencia por mutuo acuerdo, mostrando que el amor humano está llamado a orientarse hacia Dios. San Pablo enseña que “el que no está casado se preocupa de las cosas del Señor… el casado se preocupa de las cosas del mundo” (1 Cor 7,32-33, Biblia CEE), lo que ayuda a comprender la radicalidad de su opción.
Tras enviudar, acompañó a su madre a Roma, donde vivió una etapa decisiva de su vida espiritual. Allí descubrió la universalidad de la Iglesia, profundizó en la oración y aprendió a vivir en fidelidad cotidiana.
Roma fue para ella una escuela interior: aprendió a permanecer, a obedecer y a escuchar a Dios en lo concreto.
Tras la muerte de su madre, asumió la continuidad de su obra con fidelidad, regresando a Suecia y colaborando en la vida del monasterio de Vadstena. Su vida no estuvo marcada por grandes gestos visibles, sino por una fidelidad constante. El Señor enseña: “El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel” (Lc 16,10, Biblia CEE).
Santa Catalina muestra que la santidad consiste en continuar lo que Dios ha comenzado, con humildad y perseverancia.
Profundización teológica y vocacional
La vocación cristiana es una llamada personal de Dios. La Sagrada Escritura afirma: “Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pe 1,16, Biblia CEE), y el Concilio Vaticano II enseña que “todos los fieles están llamados a la santidad” (Lumen Gentium, 40).
La vida de santa Catalina permite comprender tres dimensiones fundamentales de la vocación. En primer lugar, la vocación como llamada: el joven Samuel responde diciendo “Habla, Señor, que tu siervo escucha” (1 Sam 3,10, Biblia CEE), mostrando que la vocación nace de la escucha. En segundo lugar, la vocación como respuesta: la Virgen María dice “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38, Biblia CEE), revelando que la vocación exige disponibilidad. En tercer lugar, la vocación como fidelidad: el Señor pide “Permaneced en mi amor” (Jn 15,9, Biblia CEE), indicando que la vocación es un camino continuo.
La tradición de la Iglesia confirma esta enseñanza. San Agustín explica que el corazón humano está inquieto hasta descansar en Dios, mientras san Gregorio Magno enseña que el verdadero crecimiento espiritual consiste en vivir lo que se cree con coherencia. Benedicto XVI resume esta tradición al afirmar que “la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en vivir en comunión con Cristo” (Audiencia General, 13 de abril de 2011).
Santa Catalina vivió esta vocación en diferentes formas: en el matrimonio vivido en castidad, en la vida consagrada y en la fidelidad a la misión recibida en la Iglesia.
Lectura catequética de la imagen
La imagen presenta a santa Catalina en oración en Roma, en actitud de recogimiento y apertura a Dios. La postura de oración indica vida interior, el aura manifiesta la presencia de Dios, Roma representa la Iglesia universal y la figura de santa Brígida expresa la continuidad espiritual.
El catequista debe guiar a los jóvenes a contemplar, identificarse, escuchar y responder. No se trata solo de mirar la imagen, sino de dejar que hable al corazón.
Actividades catequéticas
1. Discernir la propia vida
Tiempo: 10 minutos
Materiales: papel y bolígrafo
Cada joven responde por escrito: ¿qué quiero ser en la vida?, ¿qué quiere Dios de mí?, ¿he rezado alguna vez por mi vocación? El catequista debe insistir en que la vocación no se inventa, sino que se descubre en la oración y en la escucha.
Objetivo: despertar el discernimiento vocacional.
2. Taller de pureza y libertad interior
Tiempo: 10 minutos
Se proclama el texto: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8, Biblia CEE). A partir de ahí, el catequista guía la reflexión: ¿qué ocupa mi corazón?, ¿soy libre o estoy condicionado por el ambiente?, ¿busco a Dios o solo lo superficial?
Objetivo: comprender la pureza como libertad interior.
3. Fidelidad en lo cotidiano
Tiempo: 5 minutos
Cada joven escribe una acción concreta que puede mejorar en su vida diaria. El catequista explica que la santidad comienza en lo pequeño, en lo que nadie ve.
Objetivo: concretar la vida cristiana.
4. Lectio divina
Tiempo: 10 minutos
Se proclama: “Permaneced en mí, y yo en vosotros” (Jn 15,4, Biblia CEE). Se deja un momento de silencio, seguido de una oración personal y un compromiso concreto.
Objetivo: interiorizar la Palabra de Dios.
Oraciones
Santa Catalina de Suecia,
modelo de pureza y fidelidad,
enséñanos a escuchar la voz de Dios,
a responder con generosidad,
y a vivir con un corazón limpio y sencillo.
Ruega por nosotros.
Señor Jesús,
Tú que llamas a cada uno por su nombre,
ayúdanos a descubrir nuestra vocación,
a seguirte sin miedo,
y a permanecer fieles hasta el final.
Espíritu Santo,
luz de nuestras decisiones,
guía nuestros pasos,
ilumina nuestro camino,
y haznos discípulos fieles de Cristo.
Conclusión
Santa Catalina nos enseña que la santidad consiste en escuchar a Dios, responder con generosidad y permanecer fieles en el camino.
Consejos
Padres: acompañar sin imponer.
Jóvenes: buscar a Dios con sinceridad.
Catequistas: enseñar a discernir.
Autor: Guillermo Mirecki
por Editorial Casals | 22 Mar, 2026 | Despertar religioso Historias de la Biblia
El paralítico (I)
Estaba Jesús explicando el Evangelio en casa de unos amigos. La casa estaba llena y no cabía nadie más. Fuera de la casa, estaba un paralítico que había oído hablar de Jesús y deseaba entrar. Unos amigos le ayudaron, metiéndole por una ventana y lo pusieron a los pies de Jesús. Jesús le dijo: «Confía en mí, tus pecados te son perdonados».
«Que yo también te acerque a mis amigos»
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El paralítico (II)
También estaban allí unos fariseos, para ver lo que hacía Jesús y espiarle. Los fariseos pensaron: «Éste miente, pues sólo Dios puede perdonar los pecados». Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil: perdonar los pecados o curar al paralítico y que ande?». Y para que vieran que es el Hijo de Dios y que puede perdonar los pecados, dijo al paralítico: «¡Levántate, coge tu camilla y vete a casa!». El paralítico se puso en pie muy contento y se fue a su casa.
«Jesús, perdóname cuanto me he portado mal»
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La hija de Jairo (I)
Otro día, Jairo, que era uno de los jefes de la sinagoga, se acercó llorando porque su hija se le estaba muriendo. Jesús le acompañó. Cuando llegó a la casa, la niña ya había muerto, pero Él les dijo a los que lloraban y daban gritos: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino dormida». Algunos se reían de Él. Pero Jesús entró en el cuarto de la niña…
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La hija de Jairo (II)
La cogió de la mano… y la niña resucitó. Como Jesús es Dios, tiene poder sobre la vida y sobre la muerte. No tiene más que mandar. Por eso le bastó decirle a la hija de Jairo: «Niña, ¡levántate!». Y la niña muerta se levantó enseguida y se puso a andar. Y todos quedaron asombrados ante el poder de Jesús.
«Jesús, qué grande es tu poder»
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Multiplicación de los panes
Un día estaba Jesús hablando a mucha gente. Se iba haciendo de noche y estaban lejos de sus casas. Jesús les dijo a los Apóstoles que mandaran a todos sentarse y les dieran de cenar. Pero sólo tenían cinco panes y dos peces. Jesús bendijo los panes y los peces y se multiplicaron de tal manera, que los Apóstoles los repartieron y comieron todos y además sobró.
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Oración «Bendición de la mesa»
El niño Jesús, que nació en Belen,
Bendiga esta mesa y a nosotros también.
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De La Biblia más infantil, Casals, 1999. Páginas 94 a 98
Coordinador: Pedro de la Herrán
Texto: Miguel Álvarez y Sagrario Fernández Díaz
Dibujos: José Ramón Sánchez y Javier Jerez
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por Guillermo Mirecki | 8 Mar, 2026 | Postcomunión Dinámicas
La santidad en la vida familiar y en el servicio a los pobres
Objetivo de la sesión
Conocer la vida de santa Francisca Romana, descubrir cómo vivió la santidad en el matrimonio, en la vida familiar y en el servicio a los pobres, y ayudar a los jóvenes a comprender que todos los cristianos están llamados a la santidad en su vida cotidiana.
Duración total estimada: 55–60 minutos
– Introducción: 5 min
– Hagiografía: 15 min
– Espiritualidad y enseñanza cristiana: 15 min
– Textos y reflexión: 5 min
– Actividades: 15–20 min
– Oraciones y conclusión: 5 min
Introducción
Muchos cristianos piensan que la santidad pertenece solo a monjes, sacerdotes o mártires. Sin embargo, la Iglesia enseña que todos estamos llamados a ser santos en la vida cotidiana. Santa Francisca Romana es un ejemplo claro de esta verdad: fue esposa, madre, viuda y servidora de los pobres. Vivió en medio del mundo, pero con el corazón completamente unido a Dios.
Su vida muestra a los jóvenes que la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en vivir cada día con amor a Dios y al prójimo.
Indicación para el uso de la catequesis
Esta sesión puede realizarse completa o dividirse en dos momentos. En familia puede leerse la biografía y realizar una actividad y la oración final. En catequesis parroquial se recomienda desarrollar las actividades y el diálogo con los jóvenes.
Hagiografía – Vida de santa Francisca Romana
Santa Francisca Romana nació en Roma en 1384 en una familia noble. Desde niña sintió una fuerte atracción por la vida espiritual y deseaba consagrarse a Dios. Sin embargo, por obediencia a sus padres contrajo matrimonio con Lorenzo Ponziani, un noble romano (Mercaba, “Santa Francisca Romana”, s. XV).
Lejos de impedir su vida espiritual, el matrimonio se convirtió para ella en un camino de santidad. Francisca fue una esposa fiel y una madre llena de amor. Educó a sus hijos en la fe y dedicó gran parte de su tiempo a ayudar a los pobres y a los enfermos de Roma.
Durante tiempos de guerra y epidemias en Roma, transformó su casa en un lugar de acogida para los necesitados. Vendió bienes personales para alimentar a los pobres y cuidó personalmente a los enfermos (Flos Sanctorum, Santa Francisca Romana, n. 6).
Después de la muerte de su esposo, fundó la comunidad de las Oblatas de Tor de’ Specchi, mujeres que vivían en el mundo pero dedicadas a la oración y al servicio. Murió en 1440 con fama de santidad.
La tradición medieval relata también que su ángel custodio la acompañaba visiblemente, iluminando su camino en la noche cuando visitaba a los pobres. Estas tradiciones expresan la profunda confianza que tenía en la providencia de Dios (Santiago de la Vorágine, Legenda Aurea, tradición hagiográfica).
Espiritualidad y enseñanza cristiana
La espiritualidad de santa Francisca Romana se basa en tres pilares fundamentales:
- La unión con Dios en la oración.
- La santificación de la vida familiar.
- El servicio generoso a los pobres.
Su vida muestra que el matrimonio puede ser un camino auténtico de santidad. La Iglesia enseña que la familia es una “iglesia doméstica”, donde se aprende a amar a Dios y al prójimo (Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 21).
Santa Francisca también enseñó que la caridad cristiana no es solo un sentimiento, sino un acto concreto de servicio. Amar a Dios lleva necesariamente a amar a los más necesitados (Benedicto XVI, Deus Caritas Est, 14).
Para los jóvenes, su vida recuerda que la santidad se vive en la fidelidad diaria: ayudar en casa, servir a los demás, rezar y vivir con honestidad.
Carismas, virtudes y humanidad
Entre los carismas de santa Francisca destacan:
- La caridad hacia los pobres.
- La fidelidad en la vida familiar.
- La profunda vida de oración.
- La humildad y la confianza en Dios.
También vivió momentos difíciles: la pérdida de hijos, la guerra y el sufrimiento de su ciudad. Estas pruebas fortalecieron su fe y su confianza en Dios.
Textos para la reflexión
- «Todo estado de vida puede ser camino de santidad» (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 40).
- «La caridad es el alma de toda la vida cristiana» (Benedicto XVI, Deus Caritas Est, 25).
- «La familia es el primer lugar donde se aprende a amar» (Francisco, Amoris Laetitia, 66).
Actividades catequéticas (explicadas para el catequista)
Actividad 1 – “Santidad en lo cotidiano”
Carisma: santidad en la vida diaria.
Duración: 6–7 minutos.
El catequista pide a los jóvenes que escriban tres acciones sencillas con las que pueden vivir la fe en casa: ayudar a la familia, rezar juntos, cuidar a un hermano, etc. Después se relaciona con el ejemplo de santa Francisca.
Actividad 2 – “La caridad concreta”
Carisma: servicio a los pobres.
Duración: 6–7 minutos.
Se propone pensar en una acción concreta de ayuda a alguien necesitado en la comunidad. El catequista explica que la caridad cristiana siempre se traduce en obras.
Actividad 3 – “La oración que transforma la vida”
Carisma: vida interior.
Duración: 5–6 minutos.
Se explica brevemente cómo santa Francisca encontraba tiempo para rezar incluso en medio de sus responsabilidades.
Actividad bíblica
«Tuve hambre y me disteis de comer» (Mt 25,35).
Se reflexiona sobre cómo servir a Cristo en los pobres.
Oraciones
Oración a santa Francisca Romana
Santa Francisca, ejemplo de esposa fiel y servidora de los pobres, ayúdanos a vivir la fe con generosidad y amor. Amén.
Oración en familia
Señor, bendice nuestro hogar y enséñanos a servirnos unos a otros con amor. Amén.
Oración para los jóvenes
Jesús, ayúdanos a descubrir que cada día puede ser un camino de santidad. Amén.
Conclusión
Santa Francisca Romana nos recuerda que la santidad no está reservada a unos pocos. Cada cristiano puede vivirla en su familia, en su trabajo y en el servicio a los demás.
Consejos para la sesión
A los padres: mostrar a los hijos que la fe se vive en la vida diaria.
A los jóvenes: descubrir que la santidad comienza en las pequeñas cosas.
A los catequistas: enseñar que todos estamos llamados a la santidad.
Autor: Guillermo Mirecki
por Catholic.net | 26 Feb, 2026 | Postcomunión Taller de oración
El tiempo de Cuaresma es un momento de especial preparación interior este decálogo cuaresmal que puede ser una buena guía para cumplir con este propósito
Decálogo Cuaresmal
1. Romperás de una vez por todas con lo que tú bien sabes que Dios no quiere, aunque te agrade mucho, aunque te cueste «horrores» dejarlo. Lo arrancarás sin compasión como un cáncer que te está matando. «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? (Mc 8, 36)
2. Compartirás tu pan con el hambriento, tus ropas con el desnudo, tus palabras con el que vive en soledad, tu tiempo y consuelo con el que sufre en el cuerpo o en el alma, tu sonrisa con el triste, tu caridad con TODOS. Examinarás esto con cuidado cada noche. «En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.» (Mt 25, 40)
3. Dedicarás un buen tiempo todos los días para estar a solas con Dios, para hablar con Él de corazón a Corazón. Será un tiempo de agradecer, de pedir perdón, de alabarle y adorarle, de suplicar por la salvación de TODOS. Este tiempo no es negociable. «Sucedió que por aquellos días se fue él al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios.» (Lc 6, 12)
4. Confiarás en Dios a pesar de tus pecados y miserias. Creerás que Dios es más fuerte que todo el mal del mundo. No permitirás que ni dolor, ni pesar alguno, ni «tu negra suerte», ni las injusticias y traiciones sufridas te hagan dudar ni por un momento del amor infinito que Dios te tiene. Él ha muerto en cruz para salvarte de tus pecados. «Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan.» (Sal 23, 4)
5. Mirarás sólo a Dios y a tus hermanos. Mirarte tanto te hace daño, porque te envaneces viendo los dones que nos son tuyos o te desalientas viendo sin humildad tus miserias. Mira a Jesús y habrá paz en tu corazón. Mira las necesidades de tus hermanos y ya no tendrás tiempo de pensar en ti; te harás más humana, más cristiana. «Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra.» (Col 3, 1-2)
6. Ayunarás de palabras vanas: serás benedicente. Ayunarás de malos pensamientos: serás pura de corazón. Ayunarás de acciones egoístas: serás una mujer para los demás. Ayunarás de toda hipocresía: serás veraz. Ayunarás de lo superfluo: serás pobre de espíritu. «¿No será más bien este otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados, y arrancar todo yugo?» (Is 58, 6)
7. Perdonarás una y mil veces a quien te ha herido, con causa o sin ella, justa o injustamente, esté arrepentido o no. Un perdón que no será sólo tolerar o soportar sino que ha de brotar del amor sincero y sobrenatural. Los perdonarás uno por uno, primero en tu corazón y luego, si te es posible, también con tus palabras. No permitirás que el rencor ni el resentimiento envenenen tu corazón. «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34)
8. Ofrecerás sacrificios agradables al Señor. Los harás en silencio, sin que nadie se dé cuenta. Buscarás con ello reparar por tus pecados y los de TODOS los hombres. Querrás con ello desprenderte de las cosas materiales, que tanto te agradan, para poder hacerte más libre y ser una mujer para Dios. Pero sobre todo ejercerás el sacrificio de vivir con perfección la caridad en todo momento con TODOS tus hermanos. «No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; ésos son los sacrificios que agradan a Dios.» (Heb 13, 16)
9. Amarás la humildad y procurarás vivirla de la siguiente manera: reconocerás tus pecados; considerarás a los demás mejores que tú; agradecerás las humillaciones sin dejarte arrastrar por el amor propio; no buscarás los honores, ni los puestos, ni el poder, ni la fama, que todo eso es de Dios; te harás servidora de todos. «el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos». (Mc 10, 43-44)
10. Anunciarás a los hombres la verdad del Evangelio. Les dirás sin temor que Dios los ama, que se ha hecho hombre por ellos y ha muerto en la cruz para salvarlos. Les mostrarás que sólo Él los puede hacer plenamente felices. Les harás ver que la vida que tiene su origen en Dios, es muy corta, se pasa rápido y que Dios es su destino final; vivir por Dios, con Dios y en Dios es lo sensato y seguro. «Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación» » (Mc 16, 15).
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Fuente original: Catholic.net
por Juan Antonio Espinosa | CeF | 23 Feb, 2026 | Despertar religioso Encuentros
Nuestra oración con mucha frecuencia es petición de ayuda en las necesidades. Y es incluso normal para el hombre, porque necesitamos ayuda, tenemos necesidad de los demás, tenemos necesidad de Dios. De este modo, es normal para nosotros pedir algo a Dios, buscar su ayuda. Debemos tener presente que la oración que el Señor nos enseñó, el «Padre nuestro», es una oración de petición, y con esta oración el Señor nos enseña las prioridades de nuestra oración, limpia y purifica nuestros deseos, y así limpia y purifica nuestro corazón. Ahora bien, aunque de por sí es normal que en la oración pidamos algo, no debería ser exclusivamente así. También hay motivo para agradecer y, si estamos un poco atentos, vemos que de Dios recibimos muchas cosas buenas: es tan bueno con nosotros que conviene, es necesario darle gracias. Y debe ser también oración de alabanza: si nuestro corazón está abierto, a pesar de todos los problemas, también vemos la belleza de su creación, la bondad que se manifiesta en su creación. Por lo tanto, no sólo debemos pedir, sino también alabar y dar gracias: sólo de este modo nuestra oración es completa.
Meditación del Santo Padre emérito Benedicto XVI
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Padre Nuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.
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«Padre Nuestro» – Partitura
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Recursos para «Primeros pasos con Jesús»
por Santo Padre Francisco | 23 Feb, 2026 | Catequesis Magisterio, Novios Magisterio
Dios que ha creado al hombre por amor, lo ha llamado también al amor, vocación fundamental e innata de todo ser humano. Porque el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,2), que es Amor (cf 1 Jn 4,8.16). Habiéndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es bueno, muy bueno, a los ojos del Creador (cf Gn 1,31). Y este amor que Dios bendice es destinado a ser fecundo y a realizarse en la obra común del cuidado de la creación. «Y los bendijo Dios y les dijo: «Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla»» (Gn 1,28).
Catecismo de la Iglesia Católica, n.º 1604
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Audiencia del Santo Padre a los novios con motivo de San Valentín
También podéis visionar el vídeo oficial de Radio Vaticana.
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Preguntas al Santo Padre Francisco
El miedo al «para siempre»
Su Santidad, son muchos los que hoy día piensan que prometerse lealtad para toda la vida es una tarea muy difícil; muchos creen que el reto de vivir juntos para siempre es hermoso, encantador, pero demasiado exigente, casi imposible. Le pediría su palabra para que nos ilumine sobre esto.
Gracias por su testimonio y por su pregunta. Me han enviado sus preguntas por adelantado, así que he tenido la oportunidad de reflexionar y pensar una respuesta un poco más sólida.
Es importante preguntarnos si es posible amarnos unos a otros «para siempre». Esta es una pregunta que tenemos que hacernos: ¿Se puede amar a los demás «para siempre»? Hoy día muchas personas tienen miedo de tomar decisiones. Un niño dijo a su obispo: «Quiero ser sacerdote, pero sólo durante diez años». Tenía miedo de tomar una decisión definitiva. Pero es un temor general, de nuestra propia cultura. Tomar decisiones para toda la vida parece imposible.
Hoy todo está cambiando rápidamente, nada dura para siempre… Y esta mentalidad lleva a muchos que se preparan para el matrimonio diciendo, «hemos estado juntos tanto tiempo como el amor», ¿y luego qué? ¿saludos y nos vemos?… Y así termina el matrimonio. Pero, ¿qué entendemos por «amor»? ¿sólo un sentimiento, una condición física o mental? Claro, si sólo es eso, es imposible construir algo sólido. Pero si el amor es una relación, entonces es una realidad que está creciendo, y también podemos decir a modo de ejemplo que se construye como una casa. Y la casa construida en conjunto —no está solo el edificio— aquí significa estimular y ayudar al crecimiento.
Queridos novios, que se están preparando para crecer juntos, para construir esta casa, para vivir juntos para siempre. No quiero que se fundamenten en la arena de los sentimientos que van y vienen, sino sobre la roca del amor verdadero: el amor que viene de la familia de Dios viene de este proyecto de amor que quiere crecer a medida que construye una casa que es un lugar de afecto, ayuda, esperanza y apoyo. Como también el amor de Dios es permanente y para siempre, por lo que el amor que fundó la familia quiere que sea estable y para siempre. Por favor, no debemos dejarnos vencer por la «cultura de la provisional». !Esta cultura que nos invade hoy, esta cultura de la provisional. Esto está mal!
Así que, ¿cuál es la manera de curar el miedo del «para siempre»? Preocuparnos cada día, confiando en el Señor Jesús, en una vida que se convierta en un viaje espiritual diario compuesto por pasos —pasos pequeños—, pasos de crecimiento mutuo en los que se comprometan a ser hombres y mujeres maduros de la fe. ¿Por qué, queridos amantes, el «para siempre» es sólo una cuestión de tiempo? Un matrimonio no sólo tiene éxito si dura, también es importante su calidad. Estar juntos y saber cómo aman para siempre es el desafío de los esposos cristianos. Esto me recuerda el milagro de los panes: para ti, el Señor puede multiplicar su amor y donartelo fresco y bueno todos los días. Cuenta con un suministro sin fin. Él te da el amor que es el fundamento de su matrimonio y cada día se renueva, fortalece. Esto hace que sea aún más grande cuando la familia crece con los niños. En este camino es importante la oración, es necesaria siempre. Él, para ella, para él y para ella los dos juntos. Pídanle a Jesús que multiplique su amor. En el Padrenuestro decimos: «Danos hoy nuestro pan de cada día». La novia y el novio pueden aprender a orar: «Señor, danos hoy nuestro amor todos los días», porque el amor de los esposos es el pan de cada día, el verdadero pan del alma, aquello que los apoya para seguir adelante. ¿Podemos hacer la prueba para saber si lo ponemos? «Señor, danos hoy nuestro amor todos los días». ¡Todos juntos! [novios: «Señor, danos hoy nuestro amor todos los días»]. ¡Otra vez! [novios: «Señor, danos hoy nuestro amor todos los días»]. Esta es la oración de las parejas y recién casados que participan. ¡Enséñanos a amar, a amar a los demás! Cuanto más se confía a Él, más su amor será «para siempre», capaz de renovarse, y ganar cada dificultad. Eso es lo que pensé que quería decirles en respuesta a su pregunta.
¡Gracias!
¿Existe un «estilo de vida» en el matrimonio?
Santidad, dice que vivir juntos todos los días es agradable, da alegría; pero es un reto. Debemos aprender a amarnos unos a otros porque hay un «estilo» de la vida matrimonial, una espiritualidad de la vida cotidiana que queremos aprender… ¿Nos puede ayudar en esto, el Santo Padre?
La convivencia es un arte, un camino paciente, bello y encantador. Pero no termina cuando se ha conquistado el uno al otro… De hecho, es precisamente entonces cuando comienza. Este viaje diario tiene reglas que se pueden resumir en estas tres palabras —palabras que he repetido muchas veces a las familias—: «permiso», «gracias» y «lo siento».
«Permiso» (pedir permiso – ¿puedo?). Es el tipo de solicitud se puede obtener en la vida de otra persona con respeto y cuidado . Tenemos que aprender a preguntar: ¿puedo hacer esto? Al igual que: ¿podríamos educar a nuestros hijos de esta manera? ¿Quieres que te vaya a buscar esta tarde?… En pocas palabras, significa ser capaz de pedir permiso para entrar en la vida de otros con cortesía. Pero escucha: ser capaz de entrar en la vida de otros con cortesía no es fácil… no es fácil . A veces, en lugar de utilizar los modales, somos pesados como unas botas de senderismo. El verdadero amor no se impone por la dureza y la agresividad. En las Florecillas de San Francisco dice la expresión: «Sepan que la cortesía es una de las propiedades de Dios … y la cortesía es la hermana de la caridad, que apaga el odio y mantiene el amor» ( Cap. 37 ). Sí , la cortesía conserva el amor. Y hoy día en nuestras familias, en nuestro mundo, a menudo violento y arrogante, necesitamos mucha más cortesía. Y esta cortesía puede comenzar en casa.
«Gracias». Parece fácil de decir la palabra «gracias», pero sabemos que no es así; sin embargo, es importante enseñar a los niños porque luego se olvidan. ¡La gratitud es un sentimiento importante! Una anciana me dijo una vez en Buenos Aires: «la gratitud es una flor que crece en la tierra noble». Y es necesaria la nobleza del alma para hacer crecer esta flor. Recuerden que en el Evangelio según san Lucas Jesús sana a diez enfermos de lepra y luego sólo uno de ellos vuelve para dar las gracias al Señor. Jesús dice: «y los otros nueve, ¿dónde están?». Esto también es cierto para nosotros: ¿damos gracias? En vuestra relación, y en el futuro en la vida matrimonial, es importante mantener viva la conciencia de que la otra persona es un don de Dios, y los dones de Dios son para dar las gracias. Y en esta actitud interior la pareja tiene que dar las gracias unos a otros por todo. No es una palabra buena para usar con los extraños, excepto para ser educados. Tenéis que saber cómo dar y decir «gracias», para llevaros bien y manteneros juntos en la vida matrimonial.
«Lo siento». En la vida cometemos muchos errores… ¡tantas equivocaciones! Todos las cometemos. Pero, ¿tal vez hay alguien aquí que nunca ha cometido un error? Levanten la mano si hay alguien, una persona que nunca ha cometido un error… ¡Todos los cometemos! ¡Todos! Tal vez hay días en los que no comentemos un error… La Biblia dice que el hombre más justo peca siete veces al día. He aquí, pues, la necesidad de utilizar esta palabra simple: «lo siento». En general, cada uno de nosotros está dispuesto a acusar a otros y justificarse. Esto comenzó desde nuestro padre Adán cuando Dios le preguntó: «¿Adán, tú has comido de ese fruto?» «¿Yo? ¡No! Ella me lo dio». Acusándose mutuamente en ver de decir «lo siento», «perdón». Es una vieja historia. Es un instinto que está en el origen de muchos desastres . Aprendamos a reconocer nuestros errores y a pedir disculpas: «Lo siento si te levanté la voz hoy», «Lo siento si me fui sin decir adiós», «lo siento si llego tarde», «si he estado tan callada esta semana», «si hablo demasiado sin escuchar», «perdón, se me olvidó», «estaba enfadado y lo siento por haberla tomado contigo»… Así que tenemos muchos «lo siento» para decir a lo largo del día… Así crece una familia cristiana. Todos sabemos que no hay familia perfecta, e incluso el marido perfecto o la mujer perfecta. No hablemos de la suegra perfecta… Vivimos para nosotros, que somos pecadores. Jesús, que nos conoce bien, nos enseñó un secreto: nunca terminar un día sin pedir perdón, sin traer la paz de vuelta a nuestra casa, a nuestra familia. Hoy día las peleas entre marido y mujer son habituales, siempre hay algún motivo para pelear… tal vez estaba enojado, tal vez voló un plato… pero por favor, recuerden esto: ¡nunca acabar el día sin paz ! ¡Nunca, nunca, nunca! Este es el secreto para mantener el amor y para tener paz. No es necesario hacer un hermoso discurso… A veces, un gesto, etc… es suficiente para que se haga la paz, así de repente. Nunca terminarán los problemas en la casa si no hay paz al final del día… porque si al final del día no se hace la paz, lo que tienes dentro, al día siguiente, es frío y duro y es más difícil hacer la paz que el día anterior. Recuerden bien: ¡nunca acabar el día sin paz! Si aprendemos a pedir perdón y a perdonar a los demás, el matrimonio va a durar, va a ir adelante.
Consejos para la celebración del matrimonio
Su Santidad, en los últimos meses estamos haciendo muchos preparativos para nuestra boda; ¿puede dar algunos buenos consejos para celebrar nuestro matrimonio?
Asegúrense de que es un verdadero placer, porque la boda es una celebración, una fiesta cristiana. La razón más profunda de la alegría la indica el Evangelio según san Juan: recordar el milagro de las bodas de Caná. En cierto momento se pierde el vino y la ceremonia parece estar en ruinas. ¡Imagínense terminar los festejos bebiendo Té! ¡No, no te vayas! ¡Sin vino no hay fiesta! A sugerencia de María, que es cuando Jesús se revela por primera vez y le da una señal, convierte el agua en vino y, al hacerlo, se convierte en una excepcional fiesta de bodas. Lo que sucedió en Caná hace dos mil años sucede en realidad en cada boda: lo que va a hacer plena y profundamente cierta su boda será la presencia del Señor que se revela y da su gracia. Es su presencia la que ofrece «el buen vino». Él es el secreto de la alegría plena, quien realmente alimenta mi corazón. ¡No es el «espíritu del mundo», no! ¡Es el Señor, cuando el Señor está ahí!
Al mismo tiempo, sin embargo, es bueno que su matrimonio sea sobrio y hacer que se destaque lo que es realmente importante. Algunos están más preocupados por los signos externos del banquete: fotografías, ropa y flores… Estas cosas son importantes en una fiesta, pero sólo si son capaces de señalar la verdadera razón de su alegría: la bendición de Dios en su amor. Asegúrese de que, como el vino de Caná, los signos externos de su celebración revelan la presencia del Señor, que ello sea la razón de su alegría.
Pero hay algo que usted dijo y quiero tomar el vuelo, porque no quiero dejarlo pasar. El matrimonio es también un trabajo de todos los días, es como el trabajo de un orfebre, porque el marido tiene la obligación de hacer más mujer a su esposa y la mujer tiene la tarea de hacer más hombre a su marido. Crecer en humanidad, como hombre y como mujer. Esto se llama crecer juntos. ¡Esto no se hace solo por sí mismo! El Señor lo bendice, pero viene de sus acciones, de sus actitudes, la forma en que vivimos, la forma de amar… ¡Crezcamos! Asegúrense siempre de que el otro va a crecer. ¡Trabajen para esto!
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Santo Padre Francisco
Discurso a las parejas que se están preparando para el matrimonio
Plaza de san Pedro el viernes, 14 de febrero de 2014
por Santa María Bernarda Soubirous | 15 Feb, 2026 | Confirmación Taller de oración
Por la pobreza en la que vivieron papá y mamá, por los fracasos que tuvimos, porque se arruinó el molino, por haber tenido que cuidar niños, vigilar huertos frutales y ovejas; y por mi constante cansancio… te doy gracias, Jesús.
Te doy las gracias, Dios mío, por el fiscal y por el comisario, por los gendarmes y por las duras palabras del padre Peyremale…
No sabré cómo agradecerte, si no es en el paraíso, por los días en que viniste, María, y también por aquellos en los que no viniste. Por la bofetada recibida, y por las burlas y ofensas sufridas; por aquellos que me tenían por loca, y por aquellos que veían en mí a una impostora; por alguien que trataba de hacer un negocio…, te doy las gracias, Madre.
Por la ortografía que jamás aprendí, por la mala memoria que siempre tuve, por mi ignorancia y por mi estupidez, te doy las gracias.
Te doy las gracias porque, si hubiese existido en la tierra un niño más ignorante y estúpido, tú lo hubieses elegido…
Porque mi madre haya muerto lejos. Por el dolor que sentí cuando mi padre, en vez de abrazar a su pequeña Bernardita, me llamó «hermana María Bernarda»…, te doy las gracias.
Te doy las gracias por el corazón que me has dado, tan delicado y sensible, y que me colmaste de amargura…
Porque la madre Josefa anunciase que no sirvo para nada, te doy las gracias. Por el sarcasmo de la madre maestra, por su dura voz, por sus injusticias, por su ironía y por el pan de la humillación… te doy gracias.
Gracias por haber sido como soy, porque la madre Teresa pudiese decir de mí: » Jamás le cedáis lo suficiente»…
Doy las gracias por haber sido una privilegiada en la indicación de mis defectos, y que otras hermanas pudieran decir: «Qué suerte que no soy Bernardita»…
Agradezco haber sido la Bernardita a la que amenazaron con llevarla a la cárcel porque te vi a ti, Madre… Agradezco que fui una Bernardita tan pobre y tan miserable que, cuando me veían, la gente decía: «¿Esa cosa es ella?» la Bernardita que la gente miraba como si fuese el animal más exótico…
Por el cuerpo que me diste, digno de compasión y putrefacto… por mi enfermedad, que arde como el fuego y quema como el humo, por mis huesos podridos, por mis sudores y fiebre, por los dolores agudos y sordos que siento… te doy las gracias, Dios mío.
Y por el alma que me diste, por el desierto de mi sequedad interior, por tus noches y por tus relámpagos, por tus rayos… por todo. Por ti mismo, cuando estuviste presente y cuando faltaste… te doy las gracias, Jesús.
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Em português
Pela pobreza de meu pai e pela ruína do moinho, pelas ovelhas doentes, graças vos dou, Senhor. Pelos meninos acudidos, pelas ovelhas que tomáveis conta, graças vos dou, Senhor! Graças, ó meu Deus, pelo Procurador, pelo comissário, pelos policiais, pelas duras palavras de Dom Peyramale. Por aqueles dias em que Vós me aparecestes, ó Virgem Maria. E por aqueles dias em que Vós não aparecestes. Eu não vos saberia agradecer de outra maneira a não ser agradecendo-vos no Paraíso.
Pelas bofetadas recebidas, pelos debiques, pelas injúrias e pelos ultrajes. Por aqueles que me mandaram prender como louca. Pela cólera que tiveram contra mim, por aqueles que me tomaram como interesseira… graças vos dou, Senhora! Pela ortografia que eu jamais consegui aprender, pela memória que eu jamais tive. Pela minha ignorância e por toda a minha estupidez, graças vos dou, Senhora!
Eu vos dou Graças, muitas graças porque se houvesse sobre a terra uma menina mais ignorante e mais estúpida do que eu Vós a teríeis escolhido para aparecer.
Graças por ter me dessedentado de amarguras a esse coração por demais tenro que Vós me destes. Pelos sarcasmos da madre mestra de noviças, por sua voz dura, pelas injustiças, pelas ironias, pelo pão da humilhação, muito obrigado! Graças por ter sido aquela privilegiada de ofensas, de quem as irmãs diziam: ‘Que sorte não ser como Bernadette!
Graças por ter sido a Bernadette ameaçada de prisão porque tinha visto a Virgem Maria. Olhada pelas pessoas como um animal raro.
Por esse corpo miserável que Vós me destes. Pelas minhas carnes em putrefação, pelos meus ossos com cáries, pelos meus suores, pela minha febre, pelas minhas dores surdas e agudas. Graças ó meu Deus! E por esse anseio que Vós me destes para o deserto da aridez interior. Pela vossa noite e pelos vossos relâmpagos, pelos vossos silêncios, mais uma vez, graças por tudo! Por Vós ausente e presente, graças, ó Jesus
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