por Guillermo Mirecki | 5 May, 2026 | Primera comunión Dinámicas
Itinerario catequético de Primera Comunión sobre Juan 15
Para niños de 6 a 10 años · Catequesis familiar y parroquial
«Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante» (Jn 15,5).
Introducción
El capítulo 15 del evangelio de san Juan recoge una de las imágenes más hermosas y exigentes que Jesús utiliza para explicar la vida cristiana: Él es la vid verdadera y nosotros somos los sarmientos. No se trata de una comparación decorativa, sino de una enseñanza profunda sobre la unión con Cristo. Un sarmiento separado de la vid se seca; un cristiano separado de Jesús pierde la vida interior. En cambio, quien permanece unido a Él recibe savia, crece, da fruto y puede amar de verdad.
Para niños que se preparan para la Primera Comunión, este texto es especialmente importante, porque les ayuda a comprender que comulgar no es solo participar en una celebración bonita ni cumplir una etapa de la infancia cristiana. Recibir la Eucaristía es recibir a Jesús para vivir unidos a Él. La Comunión no termina cuando el niño vuelve a su sitio: comienza allí una vida nueva, llamada a dar fruto en casa, en la parroquia, en el colegio y en las relaciones concretas de cada día.
Este itinerario desarrolla Juan 15 en seis sesiones que forman un camino completo: primero, el niño descubre que necesita permanecer unido a Jesús; después, comprende que esa unión nace del amor; luego, aprende que Jesús lo llama amigo y le enseña a amar como Él; más adelante, se prepara para vivir la fe cuando cuesta; finalmente, descubre que el Espíritu Santo lo ayuda a dar testimonio. La progresión es clara: unión, amor, amistad, fidelidad, libertad interior y misión.
Por eso, este material no está pensado como una explicación rápida del Evangelio, sino como un verdadero camino catequético. Las imágenes, las preguntas, las actividades y las oraciones quieren ayudar al niño a pasar de una fe aprendida a una fe vivida. La pregunta de fondo no será solo: “¿Qué dice Jesús?”, sino también: “¿Cómo puedo permanecer unido a Él?”
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Posibilidades de uso del itinerario
Este itinerario puede utilizarse de varias maneras, según el tiempo disponible, el tipo de grupo y el momento del proceso de preparación a la Primera Comunión. Conviene que el catequista no lo considere un bloque cerrado e inflexible, sino un material amplio que permite distintos niveles de profundización.
Uso en parroquia: puede desarrollarse como itinerario de seis sesiones, dedicando una reunión completa a cada fragmento de Juan 15. Esta es la forma más recomendable si se quiere trabajar con calma la imagen, el texto bíblico, la actividad y la aplicación eucarística. Cada sesión, cada imagen, puede utilizarse cada día de la semana en casa, programando por el catequista, y las actividades, en la parroquia.
Uso intensivo: puede adaptarse como retiro de preparación inmediata a la Primera Comunión, seleccionando las imágenes 1, 2, 3 y 6 como eje principal: unión con Cristo, permanencia en su amor, amistad con Jesús y testimonio.
Uso familiar: cada familia puede trabajar una imagen por semana, leyendo el fragmento del Evangelio, observando la escena y realizando en casa la propuesta concreta de aplicación. En este caso, es mejor no alargar las explicaciones, sino cuidar el gesto familiar, la oración y el diálogo.
Uso con niños pequeños o grupos muy vivos: se puede dividir cada sesión en dos momentos: primero, lectura de imagen y diálogo; después, actividad y oración. Así se evita cansar a los niños y se permite que el contenido entre por pasos.
Uso catequético visual: las seis imágenes pueden colocarse en una pared o proyectarse en orden para que los niños recorran el itinerario completo con la mirada: de la vid al fruto, del amor a la misión.
La clave es no perder la progresión interior: Jesús no pide primero frutos, sino permanencia. Si el niño entiende que el fruto cristiano nace de estar unido a Cristo, la catequesis evita el moralismo y se convierte en iniciación verdadera a la vida eucarística.
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Objetivos
Objetivo general: ayudar al niño que se prepara para la Primera Comunión a descubrir que la vida cristiana nace de permanecer unido a Jesús, como el sarmiento a la vid, y que esa unión se alimenta de modo especial en la Eucaristía, para dar fruto en el amor, la fidelidad y el testimonio.
Objetivos específicos:
– Comprender que Jesús es la vid verdadera y que el cristiano solo puede dar fruto si permanece unido a Él.
– Descubrir que la Primera Comunión no es un acto aislado, sino una unión real con Cristo que debe continuar en la vida diaria.
– Reconocer que el amor de Jesús no es una idea bonita, sino una vida recibida que transforma el corazón.
– Aprender que Jesús llama amigos a sus discípulos y les enseña a amar como Él ama.
– Preparar al niño para vivir la fe con valentía cuando otros no entienden, se burlan o rechazan a Jesús.
– Ayudar al niño a distinguir entre un corazón abierto a Cristo y un corazón cerrado por la indiferencia, el orgullo o la comodidad.
– Presentar al Espíritu Santo como quien da testimonio de Jesús y ayuda al cristiano a vivir y hablar como discípulo.
Estos objetivos no deben trabajarse como una lista que el niño tenga que memorizar, sino como una experiencia progresiva. En cada sesión, el catequista ayudará a que el niño descubra una verdad concreta, la relacione con su vida y la una a la Eucaristía. El fruto final no es que el niño repita frases, sino que empiece a vivir unido a Jesús.
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Presentación del contenido
El capítulo 15 del evangelio de san Juan continúa el discurso de despedida de Jesús en la Última Cena. Los discípulos están ante un momento decisivo: Jesús va a marcharse y ellos no comprenden del todo lo que está sucediendo. En este contexto, el Señor no les da simplemente instrucciones, sino que les revela el modo en que podrán seguir viviendo unidos a Él cuando ya no lo vean físicamente. No les deja un recuerdo, sino una vida que permanecerá en ellos.
Para explicar esta realidad, Jesús utiliza una imagen que todos pueden entender: la vid y los sarmientos. No es una comparación superficial, sino una clave profunda. El sarmiento no tiene vida por sí mismo; todo lo recibe de la vid. Del mismo modo, el cristiano no vive de su propio esfuerzo, sino de la unión con Cristo. Sin esa unión, la vida cristiana se seca; con ella, da fruto.
A partir de esta imagen inicial, el discurso avanza con una lógica muy clara. Primero, Jesús insiste en la necesidad de permanecer en Él. Después, revela que esa permanencia no es algo exterior, sino una relación de amor: «Permaneced en mi amor». Más adelante, eleva esa relación al nivel de la amistad: «Ya no os llamo siervos, os llamo amigos». A continuación, prepara a los discípulos para la dificultad, porque seguirle no siempre será fácil. Finalmente, les anuncia la ayuda del Espíritu Santo, que dará testimonio de Él y sostendrá la vida del creyente.
Este recorrido tiene una gran unidad: unión, amor, amistad, fidelidad, decisión interior y misión. No son temas sueltos, sino etapas de un mismo camino. En la catequesis, es fundamental respetar este orden, porque si se invierte —por ejemplo, si se empieza por “dar fruto” sin haber comprendido antes la unión con Cristo— se cae fácilmente en un moralismo que no corresponde al Evangelio.
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Texto completo (Juan 15, CEE)
1 «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.
2 A todo sarmiento mío que no da fruto lo corta, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.
3 Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado.
4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
5 Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.
6 Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego y arden.
7 Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
8 Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.
9 Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
11 Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
12 Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
13 Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
14 Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.
15 Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
16 No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca; de modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.
17 Esto os mando: que os améis unos a otros.
18 Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros.
19 Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia.
20 Recordad lo que os dije: “No es el siervo más que su señor”. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.
21 Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió.
22 Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado.
23 El que me odia a mí odia también a mi Padre.
24 Si yo no hubiera hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora las han visto y me han odiado a mí y a mi Padre.
25 Pero tenía que cumplirse la palabra escrita en su Ley: “Me han odiado sin motivo”.
26 Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí.
27 Y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.
Indicaciones para el catequista: este texto no debe leerse de una sola vez con niños pequeños sin preparación. Es preferible leerlo por partes, siguiendo las seis sesiones del itinerario. Antes de cada lectura, sitúa brevemente lo que se va a escuchar y, después, deja un pequeño silencio para que los niños puedan quedarse con una frase o una imagen. Evita explicar todo inmediatamente: es mejor que primero escuchen, luego miren la imagen y después descubran.
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Fundamentación teológica y magisterial
La afirmación de Jesús «Yo soy la vid verdadera» revela una verdad central de la fe cristiana: Él no es solo un maestro que enseña el camino, sino la fuente misma de la vida divina. En el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel era comparado con una viña cuidada por Dios; sin embargo, esa viña no dio el fruto esperado. Jesús se presenta ahora como la vid verdadera, es decir, como el cumplimiento de esa imagen. En Él, la relación con Dios deja de ser solo pertenencia a un pueblo y se convierte en una unión personal y viva.
El Concilio Vaticano II enseña que Cristo es la plenitud de la revelación, porque en Él Dios se da a conocer completamente (Dei Verbum, 4). Esta afirmación ilumina la imagen de la vid: no se trata de una enseñanza simbólica aislada, sino de la manifestación de una realidad profunda. El cristiano no vive de ideas sobre Dios, sino de una relación real con Cristo, que comunica la vida divina como la savia recorre los sarmientos.
Esta unión no es fruto del esfuerzo humano, sino de la gracia. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la gracia es una participación en la vida de Dios que nos introduce en la intimidad de la Trinidad (CIC 1997). En la imagen de la vid, esta verdad se hace visible: el sarmiento no produce vida por sí mismo, sino que la recibe. Del mismo modo, el cristiano no se salva por sus propias fuerzas, sino permaneciendo unido a Cristo.
Esta perspectiva es fundamental en catequesis, especialmente con niños, porque evita reducir la vida cristiana a un conjunto de normas o comportamientos. Antes de hablar del fruto, Jesús habla de la permanencia: «Permaneced en mí». La moral cristiana no es el punto de partida, sino el fruto de una vida unida a Cristo. Cuando esta verdad se comprende, la fe deja de ser una obligación y se convierte en una relación viva.
Después de presentar la unión con Cristo como condición para la vida, Jesús introduce una segunda dimensión inseparable: permanecer en su amor. «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor» (Jn 15,9). Aquí se revela la profundidad de la vida cristiana: el amor que el discípulo recibe no es simplemente humano, sino que tiene su origen en el mismo amor del Padre al Hijo. No se trata de un afecto pasajero, sino de una comunión real en la vida trinitaria.
San Juan Pablo II explicó que el Espíritu Santo introduce al creyente en la verdad plena del amor de Cristo, haciéndole capaz de vivirlo desde dentro. Esta enseñanza conecta directamente con la afirmación de Jesús: permanecer en su amor implica acoger ese don y responder a él. El amor cristiano no nace de un esfuerzo moral aislado, sino de haber sido amado primero. Por eso, la obediencia a los mandamientos no es una carga, sino el camino para permanecer en ese amor.
A continuación, Jesús eleva aún más esta relación: «Ya no os llamo siervos… a vosotros os llamo amigos» (Jn 15,15). Esta afirmación es decisiva. El discípulo no es un ejecutor de órdenes, sino alguien que participa del conocimiento y del amor de Cristo. Santo Tomás de Aquino explica que la caridad establece una verdadera amistad entre Dios y el hombre, porque hay comunicación de vida y de bienes espirituales. La vida cristiana es, en su núcleo, una amistad con Cristo.
Sin embargo, esta amistad no elimina la dificultad. Jesús advierte con claridad que el discípulo puede experimentar rechazo: «Si el mundo os odia…» (Jn 15,18). El seguimiento de Cristo no siempre será comprendido. Benedicto XVI subrayó que la verdad puede ser incómoda para el mundo cuando cuestiona sus criterios. La fidelidad a Cristo implica, en ocasiones, ir contra corriente, no por orgullo, sino por coherencia con la verdad recibida.
Finalmente, Jesús anuncia la ayuda decisiva: el Espíritu Santo. «El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí» (Jn 15,26). El creyente no queda solo ante la misión. El mismo Espíritu que procede del Padre actúa en su interior, recordándole las palabras de Cristo y dándole fuerza para vivirlas. La vida cristiana es, por tanto, una vida sostenida desde dentro por Dios, que conduce al discípulo desde la unión inicial hasta el testimonio.
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Planteamiento catequético
Clave general: este itinerario no se trabaja explicando mucho, sino ayudando a descubrir. El orden pedagógico es siempre el mismo: mirar → preguntar → descubrir → iluminar. Si se invierte este orden, el niño recibe ideas, pero no entra en el Evangelio.
El catequista debe situarse más como guía que como expositor. Su tarea no es decirlo todo, sino acompañar al niño para que descubra por sí mismo lo que la imagen y el Evangelio muestran. Para ello, es fundamental respetar los tiempos: primero se observa, después se pregunta, y solo al final se ilumina con una explicación breve y clara.
Indicaciones concretas:
– Antes de hablar, dejar que los niños miren la imagen en silencio unos segundos.
– Formular preguntas abiertas: “¿Qué ves?”, “¿Qué está pasando?”, “¿Cómo se siente este personaje?”.
– Recoger las respuestas sin corregir inmediatamente.
– Introducir después la clave evangélica con una frase clara.
– Relacionar siempre lo descubierto con la vida del niño.
Microguion orientativo para iniciar una sesión:
“Vamos a mirar bien esta imagen. No tengáis prisa por hablar. Primero miramos… ahora, ¿qué es lo que más te llama la atención? ¿Dónde está Jesús? ¿Qué está haciendo? ¿Y los demás? Vamos a descubrirlo juntos.”
Este método no es un recurso pedagógico más, sino una forma de respetar el modo en que el niño aprende: primero a través de la experiencia y la observación, y después mediante la comprensión. Cuando el niño descubre algo por sí mismo, lo recuerda y lo integra mejor.
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Aplicación a la Primera Comunión
La enseñanza de Jesús en Juan 15 encuentra su cumplimiento más directo en la Eucaristía. Cuando el niño comulga, no recibe un símbolo ni un recuerdo, sino a Cristo mismo. Esto da un sentido nuevo a la imagen de la vid: la Comunión es el momento en el que el sarmiento se une realmente a la vid. No es una idea, sino una realidad que transforma el corazón.
Sin embargo, esta unión no puede quedarse en un instante. Jesús insiste: «Permaneced en mí». Esto significa que la vida cristiana no termina en el momento de comulgar, sino que comienza ahí. El niño debe aprender que después de recibir a Jesús, está llamado a permanecer con Él en su vida diaria: en casa, en el colegio, con sus amigos. La Comunión es el inicio de una relación que debe continuar.
Esta permanencia se expresa en el amor. «Permaneced en mi amor». La vida que el niño recibe en la Eucaristía se convierte en amor concreto: ayudar, perdonar, compartir, obedecer, rezar. No se trata de hacer muchas cosas, sino de dejar que lo que ha recibido dé fruto. El fruto no es una obligación, sino una consecuencia de la unión con Cristo.
Para el catequista: ayuda al niño a unir siempre lo que ve en la imagen con la Comunión. Por ejemplo: “Cuando comulgas, Jesús viene a ti como la vid da vida al sarmiento. ¿Qué fruto puede salir de ti después de comulgar?”
Desde esta perspectiva, la Primera Comunión no es una meta, sino un comienzo. El niño está llamado a crecer en esa unión, a vivir la amistad con Jesús y a dar testimonio de Él. La verdadera preparación no termina en la celebración, sino que continúa en la vida.
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Itinerario catequético a través de las imágenes
Duración orientativa: 60–75 minutos
Clave pedagógica general: no se trata de “explicar dibujos”, sino de ayudar al niño a entrar en el Evangelio. Primero se mira, luego se pregunta, después se descubre y finalmente se ilumina. Si el catequista habla demasiado pronto, el niño deja de mirar y no descubre nada por sí mismo.
Cada imagen presenta un momento del camino que propone Jesús en Juan 15. No son escenas aisladas, sino partes de un mismo recorrido. Es importante que el catequista ayude a los niños a percibir esa continuidad: lo que se descubre en una imagen prepara la siguiente. El objetivo no es entender cada escena por separado, sino recorrer un camino completo.
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Imagen 1 — Jn 15, 1–8 · Unidos a Jesús damos fruto
Lectura viñeta a viñeta (para el catequista):
– Observa con los niños dónde está Jesús: no en el centro rígido, sino como origen de vida.
– Señala las ramas que salen de Él y se unen a los niños: ¿están conectadas o separadas?
– Mira los frutos: ¿de dónde vienen? ¿del niño o de la unión con la vid?
– Observa la poda: ¿qué hace el Padre? ¿por qué corta o limpia?
– Fíjate en el sarmiento seco: ¿qué le pasa cuando se separa?
Microguion (dirigido a niños):
“Mira bien… ¿ves esas ramas que salen de Jesús? Vamos a pensar: si una rama se separa del árbol, ¿puede vivir sola?… No. ¿Y nosotros? ¿Podemos vivir como cristianos sin Jesús?… Jesús dice: ‘sin mí no podéis hacer nada’. ¿Qué crees que significa eso en tu vida?”
Clave de descubrimiento: el niño debe comprender que la vida cristiana no empieza en lo que hace, sino en estar unido a Jesús. El fruto no es lo primero; lo primero es la unión.
Conclusión:
Si estamos unidos a Jesús, nuestra vida da fruto. Si nos separamos, nos secamos. Jesús es quien nos da la vida.
Objetivo principal:
Descubrir que sin Jesús no podemos vivir la fe.
Errores a evitar:
– Empezar hablando del fruto sin explicar la unión.
– Reducirlo a “portarse bien”.
– No conectar con la experiencia del niño (sentirse solo, perdido…).
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Imagen 2 — Jn 15, 9–11 · Permaneced en mi amor
Lectura viñeta a viñeta:
– Observa cómo Jesús se relaciona con los niños: ¿está lejos o cerca?
– Mira los gestos: ¿hay cariño, acogida, confianza?
– Fíjate en la alegría: ¿de dónde viene?
– Observa cómo el amor no es solo palabras, sino relación real.
Microguion (niños):
“Mira a Jesús… ¿cómo está con ellos? ¿les quiere?… ¿y tú, te sientes querido por Jesús? Él dice: ‘permaneced en mi amor’. ¿Qué crees que significa quedarse en su amor? ¿solo un momento… o siempre?”
Clave de descubrimiento: la vida cristiana no es solo hacer cosas, sino vivir dentro del amor de Jesús.
Conclusión:
Jesús nos ama primero y nos invita a quedarnos en ese amor.
Objetivo principal:
Comprender que la alegría nace de sentirse amado por Jesús.
Errores a evitar:
– Explicar el amor como sentimiento superficial.
– No relacionarlo con la vida concreta.
– Hablar demasiado sin dejar mirar.
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Imagen 3 — Jn 15, 12–17 · Jesús nos llama amigos
Lectura viñeta a viñeta:
– Observa la cercanía entre Jesús y los niños: ¿cómo se miran?
– Fíjate en los gestos: ¿hay confianza, alegría, relación?
– Mira cómo los niños también se ayudan entre ellos: ¿de dónde nace ese amor?
– Observa si Jesús está lejos o implicado en la vida de los niños.
Microguion (niños):
“Mira cómo están con Jesús… ¿parece un jefe que manda o un amigo que quiere?… Jesús dice: ‘os llamo amigos’. ¿Tú tienes amigos? ¿qué hacen los amigos de verdad?… ¿se ayudan? ¿se dicen la verdad?… Entonces, ¿cómo sería ser amigo de Jesús?”
Clave de descubrimiento: Jesús no quiere solo que le obedezcamos, sino que vivamos una amistad real con Él.
Conclusión:
Ser cristiano es vivir como amigo de Jesús y amar como Él ama.
Objetivo principal:
Descubrir que Jesús quiere una relación de amistad con nosotros.
Errores a evitar:
– Reducir la amistad a algo superficial.
– No conectar con la experiencia real de amistad del niño.
– Convertirlo en una explicación teórica.
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Imagen 4 — Jn 15, 18–21 · Ser de Jesús a veces cuesta
Lectura viñeta a viñeta:
– Observa a los que están con Jesús: ¿cómo están?
– Mira a los que se alejan o se burlan: ¿qué hacen?
– Fíjate en el contraste: ¿dónde hay más luz? ¿dónde hay más tensión?
– Observa cómo se siente el que permanece con Jesús en medio de esa situación.
Microguion (niños):
“Mira… aquí hay niños que están con Jesús… y otros que no quieren. ¿Te ha pasado alguna vez que alguien se burle o no entienda lo que haces?… Jesús dice que seguirle a veces cuesta. ¿Qué harías tú? ¿te irías… o te quedarías con Él?”
Clave de descubrimiento: seguir a Jesús no siempre es fácil, pero merece la pena permanecer con Él.
Conclusión:
A veces otros no entienden la fe, pero Jesús nos invita a seguir con Él.
Objetivo principal:
Preparar al niño para vivir la fe con valentía.
Errores a evitar:
– Evitar el tema de la dificultad por miedo.
– Presentar la fe como siempre fácil.
– No conectar con situaciones reales del niño.
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Imagen 5 — Jn 15, 22–25 · Abrir o cerrar el corazón a Jesús
Lectura viñeta a viñeta:
– Observa a los que miran a Jesús: ¿qué actitud tienen? ¿están atentos, abiertos?
– Mira a los que no quieren mirar: ¿qué hacen? ¿se alejan, ignoran?
– Fíjate en el ambiente: ¿dónde hay más luz? ¿dónde parece que el corazón está cerrado?
– Observa que Jesús está presente, pero no todos responden igual.
Microguion (niños):
“Mira bien… Jesús está aquí, pero no todos le hacen caso. ¿Por qué crees que pasa eso?… ¿Jesús obliga a alguien a quererle?… No. Él invita. Ahora piensa: cuando tú escuchas a Jesús, ¿le haces caso o haces como si no estuviera?… ¿tu corazón está abierto… o cerrado?”
Clave de descubrimiento: no basta ver o escuchar a Jesús; cada uno decide si abre o cierra su corazón.
Conclusión:
Jesús se acerca a todos, pero no todos le reciben. El corazón decide.
Objetivo principal:
Ayudar al niño a reconocer su propia respuesta a Jesús.
Errores a evitar:
– Presentar el rechazo como algo lejano o ajeno.
– No implicar al niño personalmente.
– Convertirlo en un juicio en lugar de una invitación.
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Imagen 6 — Jn 15, 26–27 · El Espíritu nos envía
Lectura viñeta a viñeta:
– Observa la luz que aparece: ¿de dónde viene? ¿qué hace?
– Mira a los niños: ¿se quedan quietos o salen hacia otros?
– Fíjate en la relación con Jesús: ¿desaparece o sigue presente?
– Observa que lo que han recibido ahora se convierte en misión.
Microguion (niños):
“Mira esta luz… no es una luz cualquiera. Jesús dice que es el Espíritu Santo. ¿Qué hace?… ayuda, anima, empuja. ¿Ves a los niños? ya no están quietos, ahora van hacia otros. ¿Por qué?… porque cuando estás con Jesús, no te lo guardas: lo compartes.”
Clave de descubrimiento: el cristiano no solo recibe, sino que es enviado a dar testimonio.
Conclusión:
El Espíritu Santo nos ayuda a vivir con Jesús y a hablar de Él a los demás.
Objetivo principal:
Descubrir que la fe se comparte y se vive en misión.
Errores a evitar:
– Presentar la misión como obligación pesada.
– Separar al Espíritu de la vida concreta.
– No mostrar la alegría del envío.
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Actividades catequéticas
Duración orientativa total: 75–90 minutos
Clave general para el catequista: estas actividades no son juegos para entretener, sino experiencias para que el niño interiorice lo que ha visto en las imágenes. Es fundamental cuidar los tiempos, el silencio y la conexión con la vida real. Si el niño no se implica personalmente, la actividad no cumple su objetivo.
Actividad 1 · Personal — “Unido a Jesús”
Duración: 15–20 minutos
Materiales: hoja, lápices de colores, rotuladores
Objetivo:
Ayudar al niño a reconocer situaciones concretas de su vida en las que puede sentirse “separado” o “unido” a Jesús, comprendiendo que su vida interior depende de esa relación.
Desarrollo (para el catequista):
El catequista propone a los niños que dibujen un camino en su hoja. En un extremo, deben representar un momento en el que se sienten bien, tranquilos o contentos; en el otro, un momento en el que se sienten enfadados, solos o desorientados. Después, deben dibujar a Jesús en ese camino, no como alguien lejano, sino cercano, que acompaña.
Microguion:
“Piensa en un momento en el que te has sentido bien… dibújalo. Ahora piensa en otro en el que no te has sentido tan bien… dibújalo también. Ahora vamos a poner a Jesús en medio del camino. ¿Dónde lo pondrías? ¿cerca o lejos?… Jesús dice que sin Él no podemos hacer nada. ¿Qué pasaría si en ese momento difícil estuviera contigo?”
Errores a evitar:
– Convertirlo en un simple dibujo sin reflexión.
– No ayudar al niño a concretar situaciones reales.
– Corregir o juzgar lo que el niño expresa.
Resultado esperable:
El niño comienza a relacionar su vida concreta con la presencia de Jesús.
Conclusión:
Jesús no está solo en la iglesia: está en tu vida.
Actividad 2 · Grupal — “La vid y los sarmientos”
Duración: 20–25 minutos
Materiales: cuerda o lana larga
Objetivo:
Experimentar físicamente la idea de unión con Cristo y comprender qué ocurre cuando esa unión se rompe.
Desarrollo:
Los niños forman un círculo sujetando una cuerda. El catequista explica que esa cuerda representa la unión con Jesús. A continuación, pide a uno que suelte la cuerda, mostrando cómo se rompe la unidad. Después, se vuelve a reconstruir el círculo.
Microguion:
“Todos estamos unidos… ¿ves la cuerda? Ahora uno la suelta… ¿qué pasa? ¿sigue igual?… Jesús dice que si no permanecemos en Él, nos secamos. Ahora volvemos a unirnos… ¿cómo está el grupo ahora?… así es cuando estamos con Jesús.”
Errores a evitar:
– Hacerlo rápido sin reflexión.
– Convertirlo en juego sin sentido.
– No conectar con la vida real.
Resultado esperable:
El niño comprende de forma visual y corporal la importancia de la unión.
Conclusión:
Con Jesús estamos unidos; sin Él nos separamos.
Actividad 3 · Familiar — “Jesús vive en casa”
Duración en sesión: 10 minutos
Aplicación en casa: 1 día completo
Objetivo:
Llevar la experiencia de la unión con Jesús al ámbito familiar, haciendo consciente al niño de que la fe se vive en casa.
Desarrollo:
El catequista propone al niño una misión: durante un día entero, recordar en casa que Jesús está con él. Se invita a realizar un gesto concreto (ayudar, obedecer, rezar) pensando en esa presencia.
Microguion:
“Hoy te llevas una misión: durante un día vas a vivir como si Jesús estuviera contigo… porque lo está. Antes de hacer algo, piensa: ‘¿Jesús haría esto conmigo?’… y actúa así.”
Errores a evitar:
– Dar una consigna vaga.
– No implicar a los padres.
– No revisarlo en la siguiente sesión.
Resultado esperable:
El niño comienza a vivir la fe fuera de la catequesis.
Conclusión:
Jesús no está solo en la iglesia, también en casa.
Actividad 4 · Social — “Dar fruto”
Duración: 15–20 minutos
Materiales: ninguno
Objetivo:
Ayudar al niño a descubrir que la unión con Jesús se expresa en acciones concretas hacia los demás.
Desarrollo:
El catequista plantea situaciones reales: alguien triste, una pelea, un compañero solo. Los niños proponen cómo actuar desde lo que han aprendido.
Microguion:
“Imagina que alguien está solo… ¿qué haría Jesús?… ¿y tú?… Si estás unido a Jesús, ¿qué fruto puede salir de ti?… ayudar, escuchar, acompañar… eso es dar fruto.”
Errores a evitar:
– Moralizar (“hay que portarse bien”).
– No concretar situaciones.
– No dejar participar a los niños.
Resultado esperable:
El niño pasa de la comprensión a la acción.
Conclusión:
El fruto se ve en cómo tratamos a los demás.
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Orientaciones finales
Sentido del cierre: este bloque no es un añadido final, sino la clave para que lo trabajado no se pierda. Si el catequista, los padres y los niños no aterrizan lo vivido, el itinerario queda en una experiencia bonita pero pasajera. El objetivo es que lo aprendido se convierta en vida.
Para catequistas
No intentéis decirlo todo. Este itinerario no se sostiene por la cantidad de explicaciones, sino por la calidad del acompañamiento. Dejad espacio al silencio, a la mirada y a la respuesta del niño. Cuando el niño descubre algo por sí mismo, lo hace suyo.
Evitad convertir la catequesis en una clase. Las imágenes no están para ilustrar un contenido ya explicado, sino para provocar un descubrimiento. Preguntad, escuchad y acompañad. El catequista no sustituye la experiencia del niño, la guía.
Cuidar el clima es fundamental: silencio inicial, atención, respeto por las intervenciones. Si el ambiente se convierte en ruido o prisa, el contenido no entra. La interioridad se educa también con el ritmo.
Para padres
La catequesis no termina en la parroquia. Lo que el niño descubre necesita un lugar donde crecer, y ese lugar es la familia. No se trata de repetir lo que ha dicho el catequista, sino de vivirlo: un gesto de ayuda, una oración sencilla, una conversación tranquila.
Ayudad al niño a tomar conciencia de que Jesús está presente en su vida diaria. No como una idea, sino como alguien real. La fe se transmite más por lo que se vive que por lo que se explica.
Para niños
Jesús no está lejos. Él quiere estar contigo, ayudarte y ser tu amigo. Cuando rezas, cuando ayudas, cuando haces el bien, estás unido a Él. No tengas miedo de contarle lo que te pasa.
Cuando recibas a Jesús en la Comunión, piensa que viene a vivir en ti. No es un momento que se acaba, es algo que empieza.
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Oraciones
Señor Jesús, te alabamos porque eres la vid verdadera que nos da la vida y nos sostiene en todo momento; te damos gracias porque quieres que estemos unidos a ti y nos haces crecer con tu amor; ayúdanos a permanecer siempre contigo, a no separarnos de ti en ningún momento y a dar fruto en todo lo que hacemos. Amén.
Señor Jesús, te bendecimos porque nos amas como el Padre te ama a ti y nos llamas amigos; te damos gracias porque nos enseñas a amar de verdad y a vivir cerca de ti; enséñanos a quererte cada día más, a escuchar tu palabra y a vivir en tu amor en casa, en el colegio y con los demás. Amén.
Señor Jesús, te alabamos porque nos das tu Espíritu para ayudarnos y acompañarnos siempre; te damos gracias porque no nos dejas solos y nos envías a vivir como tus discípulos; danos fuerza para hablar de ti, para hacer el bien y para vivir siempre unidos a ti con alegría y confianza. Amén.
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Aplicación familiar
Durante la semana, la familia puede dedicar un momento breve cada día para recordar la frase: “Jesús, queremos permanecer contigo”. Puede hacerse antes de cenar o antes de acostarse, en silencio durante unos segundos.
Como gesto concreto, se puede elegir una acción diaria que exprese esa unión: ayudar sin que lo pidan, pedir perdón, rezar juntos o acompañar a alguien que lo necesita. La clave no es hacer muchas cosas, sino hacerlas conscientes de que Jesús está con nosotros.
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Conclusión
Este itinerario ha recorrido un camino completo: desde la unión con Jesús hasta el testimonio en la vida diaria. El niño ha podido descubrir que la fe no consiste en cumplir unas normas, sino en vivir unido a Cristo, como el sarmiento a la vid. Todo lo demás —el amor, la amistad, la fidelidad y el fruto— nace de esa unión.
La Primera Comunión es el momento en el que este camino comienza de verdad. Jesús viene al corazón del niño para quedarse, para darle vida y para acompañarlo siempre. La pregunta que queda abierta no es solo qué ha aprendido, sino cómo quiere vivir a partir de ahora: unido a Jesús o separado de Él.
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por Guillermo Mirecki | 29 Abr, 2026 | Despertar religioso
«Dejad que los niños se acerquen a Mí»
Introducción
Este material nace de una palabra muy sencilla de Jesús: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el reino de Dios» (Mc 10,14). No es una frase bonita para decorar una catequesis infantil. Es una llamada directa a padres, abuelos, catequistas y educadores: los niños tienen un lugar propio en el corazón de Cristo, y los adultos no debemos estorbar ese encuentro, sino facilitarlo.
En el Evangelio, Jesús no trata a los niños como personas “a medio hacer”. Los recibe, los bendice, los pone en el centro y los defiende. Cuando los discípulos discuten sobre quién es el mayor, Jesús llama a un niño y lo coloca en medio: «En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 18,3). El niño no es solo destinatario de cuidados; es también signo del Reino, porque su pequeñez, su confianza y su necesidad de ser amado revelan algo esencial de la vida cristiana.

Por eso, estos juegos no pretenden llenar tiempo ni entretener sin más. Quieren ayudar a que el niño descubra a Jesús de una forma adecuada a su edad: mirando, tocando, coloreando, corriendo, esperando, pidiendo perdón, rezando y aprendiendo a vivir en casa con amor. A los niños pequeños no se les evangeliza primero con discursos largos, sino con gestos repetidos, palabras sencillas, imágenes claras y experiencias buenas que les permitan asociar el nombre de Jesús con cercanía, confianza, alegría y protección.
La familia es el primer lugar de esta educación cristiana. El Concilio Vaticano II recuerda que los padres son los primeros educadores de sus hijos, y que la familia es como una primera escuela de vida humana y cristiana. San Juan Pablo II insistió en que la familia cristiana es una “Iglesia doméstica”, donde la fe se transmite en las cosas ordinarias: la oración, el perdón, la mesa, el descanso, el trabajo, la obediencia, la ternura y la paciencia. Benedicto XVI subrayó muchas veces que la fe no se transmite solo como información, sino como vida recibida y compartida. Y el papa Francisco ha recordado con fuerza que la casa es un lugar donde se aprende a decir “permiso”, “gracias” y “perdón”, palabras pequeñas que sostienen el amor cotidiano.
Desde esta mirada, el juego no es algo secundario. Para un niño, jugar es una forma seria de conocer el mundo. En el juego ensaya gestos, aprende límites, descubre reglas, expresa miedos y deseos, imita a los adultos, prueba su libertad y empieza a comprender que sus actos tienen consecuencias. Por eso, cuando el juego está bien orientado, puede convertirse en una pequeña escuela del corazón.
Un juego cristiano no debe ser rígido, moralista ni artificial. Debe ser alegre, claro, corporal, repetible y verdadero. Si el niño juega a acercarse a Jesús, aprende que Jesús le espera. Si colorea una escena evangélica, aprende a mirar. Si ayuda a otro jugador, aprende que el amor no es solo sentimiento. Si en un tablero avanza cuando reza, dice la verdad o pide perdón, empieza a comprender que cada gesto bueno le acerca a Cristo. Y si se equivoca y puede reparar, descubre algo muy profundo: que caer no es el final, porque Jesús ayuda a volver.
Conviene que los padres no conviertan estos juegos en examen. No se trata de preguntar al niño para ver si “se lo sabe”, ni de usar las cartas para regañarle de forma indirecta. El adulto debe jugar con él, no vigilarlo desde fuera. Debe celebrar lo bueno, corregir con suavidad, explicar lo necesario y, sobre todo, dar ejemplo. Un niño entiende mejor el perdón si ve pedir perdón a su padre. Comprende mejor la oración si ve rezar a su madre. Aprende mejor el respeto si los adultos se tratan con respeto.
También es importante no forzar el ritmo. Con niños de 0 a 7 años, menos es más. Un juego breve, bien vivido y repetido varias veces vale más que una explicación larga. Si el niño se cansa, se para. Si se distrae, se reconduce con calma. Si se equivoca, se le ayuda. Si ríe, corre o se emociona, no hay que apagarlo enseguida: la alegría también puede abrir el corazón a Dios.
Estos cuatro juegos siguen un pequeño itinerario. El primero ayuda a mirar y colorear el Evangelio. El segundo permite vivir con el cuerpo los gestos de Jesús. El tercero introduce el movimiento, la ayuda y el regreso: ir a Jesús, volver y ayudar a otros. El cuarto lleva todo a la vida familiar mediante un tablero: oración, casa, verdad, calma, respeto y reparación. Así, el niño no solo escucha que Jesús le quiere; empieza a reconocer cómo se vive cerca de Él.
El adulto puede presentar todo el itinerario con una frase muy sencilla:
“Vamos a jugar con Jesús para aprender a estar cerca de Él.”
Y puede cerrar cada juego con otra frase breve:
“Jesús está cerca, me quiere, me cuida y me ayuda a amar.”
Si estas palabras se repiten con naturalidad, sin afectación y unidas a gestos concretos, irán quedando dentro del niño. Ese es el verdadero objetivo: no solo que pase un buen rato, sino que empiece a guardar en su memoria y en su corazón una certeza cristiana básica, luminosa y firme: Jesús quiere que los niños se acerquen a Él.
Consejos prácticos para padres, abuelos y catequistas
1. Jugad con el niño, no delante del niño. El adulto no debe limitarse a dar instrucciones. Si se sienta, colorea, tira el dado, ríe, espera turno y pide perdón cuando se equivoca, el niño aprende mucho más.
2. Usad frases cortas. A esta edad, una frase sencilla vale más que una explicación larga: “Jesús te quiere”, “puedes volver”, “di la verdad”, “pide perdón”, “respira y habla bajito”.
3. No convirtáis el juego en bronca. Si aparece una carta sobre rabietas, mentiras o desobediencia, no aprovechéis para sermonear. Basta con preguntar: “¿Qué podemos hacer mejor?”.
4. Repetid sin miedo. Los niños necesitan repetición. Si piden jugar otra vez al mismo juego, no es pobreza: es aprendizaje.
5. Cuidad el final. Terminad siempre con algo bueno: una oración breve, un abrazo, una frase de agradecimiento o una pequeña decisión para casa.
6. No ridiculicéis los errores. El niño debe aprender que equivocarse no significa quedar fuera. En cristiano, el error se reconoce, se repara y se vuelve a Jesús.
7. Llevad el juego a la vida diaria. Después de jugar, recordadlo en casa con suavidad: “¿Te acuerdas de la carta de decir la verdad?”, “¿Probamos a respirar como en el juego?”, “Hoy has dado un paso hacia Jesús”.
8. Rezad poco, pero rezad de verdad. Una oración breve, dicha con calma y cariño, puede quedar grabada durante años.
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Juego 1 · Colorear para descubrir a Jesús

Objetivo para padres y catequistas: este juego ayuda a que los niños descubran, desde el color, el gesto y la mirada, que Jesús ama, acoge, protege y escucha a los niños. No se trata solo de pintar una lámina bonita, sino de acompañar al niño para que vea que, en el Evangelio, los pequeños no son secundarios: Jesús los llama, los pone en el centro, los defiende y recibe su alabanza.
En los evangelios, Jesús no aparta a los niños ni los considera una molestia. Al contrario: cuando otros quieren impedir que se acerquen, Él dice: «Dejad que los niños se acerquen a mí». Cuando los discípulos discuten sobre quién es el más importante, Jesús coloca a un niño en medio. Cuando alguien puede hacer daño a los pequeños, Jesús habla con una seriedad enorme. Y cuando los niños lo alaban en el Templo, Jesús reconoce esa alabanza sencilla como verdadera.
Cómo desarrollar el juego: primero conviene mirar juntos la imagen en color, sin prisa. El adulto puede preguntar: “¿Dónde está Jesús?”, “¿Qué hacen los niños?”, “¿Cómo mira Jesús?”, “¿Quién está contento?”, “¿Quién no entiende lo que pasa?”. Después se pasa a la lámina numerada. El niño colorea siguiendo la clave de colores, pero el adulto no debe convertirlo en un examen: si se equivoca, no pasa nada. Lo importante es que el niño permanezca dentro de la escena y asocie a Jesús con cercanía, alegría, protección y confianza.
Materiales recomendados: para niños de 0 a 3 años, lo mejor son ceras gruesas o crayones grandes, porque permiten colorear sin precisión fina y favorecen el movimiento amplio de la mano. Para niños de 4 a 7 años, pueden usarse lápices de colores, ceras blandas o rotuladores lavables. Los lápices ayudan a controlar mejor el trazo; las ceras dan color rápido y expresivo; los rotuladores ofrecen intensidad, pero conviene usarlos en papel más grueso para que no traspasen.
Uso de los colores: la numeración no pretende encerrar la creatividad, sino ayudar a los más pequeños a reconocer zonas grandes y sencillas. Puede respetarse la clave de colores o dejar que el niño escoja algunos tonos, siempre que el adulto acompañe el sentido: blanco para la túnica de Jesús, rojo para su amor entregado, azul para la confianza, verde para la vida, amarillo para la alegría, marrón para la tierra y la sencillez, y azul claro para el cielo como signo de paz.
Imagen 1 · Dejad que los niños se acerquen a mí


Cuento para niños: Un día, unas familias llevaron a sus niños hasta Jesús. Querían que Jesús los mirara, los tocara y rezara por ellos. Pero algunos mayores pensaron que los niños molestaban y quisieron apartarlos. Entonces Jesús se puso serio y dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí”. Los niños se acercaron contentos. Jesús los recibió con cariño, los bendijo y les mostró que para Él los pequeños son muy importantes.
Imagen 2 · Jesús pone a un niño en el centro


Cuento para niños: Un día, los discípulos discutían sobre quién era el más importante. Jesús los escuchó y llamó a un niño. Lo puso en medio de todos, para que todos lo vieran bien, y les enseñó algo muy grande: para Dios no es más importante el que presume, manda o se cree mejor, sino el que tiene un corazón sencillo. Jesús abrazó al niño y dijo que quien acoge a un niño en su nombre, lo acoge a Él.
Imagen 3 · Jesús protege a los pequeños


Cuento para niños: Jesús quería mucho a los niños y no quería que nadie les hiciera daño. Por eso, cuando vio que un pequeño podía asustarse, confundirse o perder la confianza, habló con mucha firmeza. Los niños se acercaron a Él y se agarraron a su túnica. Jesús los protegió con una mano y con la otra avisó a los mayores: “A los pequeños hay que cuidarlos”. Así enseñó que un niño nunca es poca cosa, porque Dios lo mira con amor.
Imagen 4 · Los niños alaban a Jesús


Cuento para niños: Cuando Jesús entró en el Templo, algunos niños se pusieron muy contentos. Lo miraban con alegría, levantaban las manos y lo alababan. Algunos adultos no entendían por qué los niños estaban tan felices y miraban con desprecio. Pero Jesús sí los escuchó. Él sabía que los niños habían reconocido algo verdadero: Jesús venía de Dios. Por eso no los mandó callar. La alabanza sencilla de los niños también llega al corazón del Padre.
Los colores y su significado

Blanco: Jesús es limpio, bueno y trae paz.
Rojo: Jesús nos ama con todo su corazón.
Azul: podemos confiar en Jesús.
Verde: con Jesús crece la vida buena.
Amarillo: estar cerca de Jesús da alegría.
Marrón: Jesús está cerca de nuestra vida sencilla.
Azul claro: Dios nos regala paz y esperanza.
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Juego 2 · Jugar a estar con Jesús

Objetivo para padres y catequistas: este juego ayuda al niño a pasar de mirar imágenes a vivir con su cuerpo lo que hace Jesús. No se trata de representar una historia ni de hacerlo perfecto, sino de experimentar gestos reales: acercarse, ser acogido, sentirse importante, estar protegido y expresar alegría. El niño no aprende ideas abstractas: aprende lo que vive. Por eso este juego convierte el Evangelio en experiencia.
Jesús no enseñaba solo con palabras. Tocaba, miraba, llamaba, abrazaba. Y eso es exactamente lo que el niño puede comprender. Este juego se desarrolla en un ambiente sencillo, sin prisas, sin distracciones y sin teatralización excesiva. El adulto guía con calma, dejando que el niño entre en cada momento con libertad.
Momento 1 · Jesús me llama
«Entonces le acercaron unos niños para que les impusiera las manos y rezara por ellos; pero los discípulos los regañaban. Jesús dijo: “Dejad a los niños, no les impidáis venir a mí: de los que son como ellos es el reino de los cielos”. Les impuso las manos y se marchó de allí.» (Mt 19,13-15)
El adulto se coloca a cierta distancia, abre los brazos y dice suavemente el nombre del niño:
“(Nombre)… ven conmigo”
El niño se acerca y recibe un abrazo. No se fuerza el gesto: si el niño duda, se repite con calma. Lo importante es que experimente que acercarse es bueno.
Momento 2 · Jesús me pone en el centro
«En aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?”. Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: “En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos”.» (Mt 18,1-4)
Si hay varios niños, se forma un pequeño círculo. El adulto toma suavemente a uno y lo coloca en medio. Todos lo miran con respeto. El adulto dice con calma:
“Tú eres importante”
Se evita cualquier comparación o juicio. El niño descubre que su valor no depende de competir.
Momento 3 · Jesús me protege
«Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una piedra de molino y lo hundieran en lo profundo del mar.» (Mt 18,6)
El niño se acerca y puede abrazarse a la pierna del adulto. El adulto coloca una mano sobre él en gesto claro de protección y dice:
“Yo te cuido”
No se dramatiza el texto. Se transmite seguridad, no miedo. El niño asocia a Jesús con protección.
Momento 4 · Jesús escucha mi alegría
«Los sumos sacerdotes y los escribas, al ver los milagros que había hecho y a los niños que gritaban en el templo: “¡Hosanna al Hijo de David!”, se indignaron y le dijeron: “¿Oyes lo que dicen estos?”. Jesús les respondió: “Sí; ¿no habéis leído nunca: ‘De la boca de los pequeños y de los niños de pecho has sacado alabanza’?”». (Mt 21,15-16)
El niño puede aplaudir, levantar las manos o decir una palabra sencilla como:
“¡Jesús!” o “¡Gracias!”
El adulto acoge ese gesto con una sonrisa. El niño descubre que puede dirigirse a Jesús con sencillez.
Orientaciones finales: este juego no es una actividad para evaluar ni una representación teatral. Es un momento de relación. No hay que corregir continuamente ni exigir resultados. Si el niño se distrae, se vuelve a empezar con calma. Lo esencial es que el niño viva algo claro: Jesús está cerca, me quiere, me cuida y me escucha.
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Juego 3 · Ven y vuelve con Jesús

Objetivo para padres y catequistas: este juego ayuda al niño a experimentar con su cuerpo una verdad muy importante del Evangelio: puede alejarse, puede equivocarse, pero siempre puede volver a Jesús. Además, introduce una dimensión nueva: no solo vuelvo yo, sino que también puedo ayudar a otros.
El juego se desarrolla en movimiento. A diferencia de los anteriores, aquí el niño corre, se desplaza, se orienta y toma decisiones. Esto permite que el aprendizaje no sea solo mental, sino profundamente vivido.
Desarrollo del juego: se delimita un espacio amplio. Un adulto hace de Jesús o se establece un punto claro como “Jesús”. Ese punto debe ser visible y reconocible como lugar seguro.
Los niños se mueven libremente por el espacio. El adulto introduce indicaciones sencillas:
“Jesús te llama” → el niño corre hacia Jesús
“Puedes volver” → el niño que se ha alejado regresa
“Ayuda” → un niño ayuda a otro a volver
Se pueden introducir variantes sin complicar el juego:
– moverse más despacio o más rápido
– volver en pareja
– ayudar a quien se ha quedado atrás
– esperar juntos antes de volver
Clave catequética: el niño descubre que el alejamiento no es definitivo. Siempre existe la posibilidad de volver. Y además, descubre algo más profundo: el camino hacia Jesús también se recorre ayudando a otros.
El adulto acompaña con frases muy sencillas y repetidas:
“Jesús te espera”
“Puedes volver”
“Vamos juntos”
El juego termina con una breve oración:
“Jesús, cuando me alejo, ayúdame a volver.”
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Juego 4 · Camino hasta Jesús

Este juego recoge todo lo anterior y lo lleva a la vida real del niño. Ya no se trata solo de mirar, de estar o de volver: ahora se trata de caminar. Cada acción cotidiana se convierte en un paso hacia Jesús.
El tablero no representa un camino imaginario. Representa la vida del niño: lo que hace en casa, lo que dice, cómo se comporta, cómo reacciona. Todo eso forma parte de su camino hacia Jesús.
Materiales del juego:
– tablero
– dado
– fichas de jugador
– fichas-corazón
– seis barajas de cartas
Sentido del juego: el niño avanza por el tablero según el dado, pero lo importante no es avanzar rápido ni llegar antes. Lo importante es reconocer qué le acerca a Jesús y qué le aleja.
Cada tipo de casilla representa un aspecto de su vida:
– oración: hablar con Jesús
– casa: comportamiento en familia
– verdad: decir la verdad
– calma: controlar impulsos
– respeto: trato a los demás
– tropiezo: errores que se pueden reparar
Cuando el niño cae en una casilla, realiza una acción: decir una oración, responder una pregunta, representar un gesto o pensar cómo reparar un error.
Clave catequética: el niño descubre que su vida no está separada de Jesús. Cada gesto cotidiano —pequeño, sencillo— puede acercarle o alejarle. Y aprende algo decisivo: cuando se equivoca, puede reparar y continuar.
El adulto no actúa como juez, sino como guía. No se trata de señalar errores, sino de ayudar a descubrir caminos mejores.
El juego puede terminar cuando todos llegan o cuando se ha jugado un tiempo suficiente. No es necesario forzar un final competitivo.
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Tablero del juego

El tablero representa un camino. No es un recorrido imaginario, sino la vida del niño: sus gestos, sus palabras, sus decisiones. Cada casilla es una oportunidad para acercarse a Jesús.
Barajas del juego
| Baraja |
Anverso |
Reverso |
| Oración |
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| Casa |
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| Verdad |
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| Calma |

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| Respeto |
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| Tropiezo |
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Guía práctica para imprimir y montar el juego
Para que Camino hasta Jesús funcione bien en casa o en catequesis, conviene prepararlo con un poco de cuidado. No hace falta gastar mucho dinero, pero sí merece la pena imprimirlo y montarlo de forma resistente, porque es un juego pensado para repetirse muchas veces.
Formato recomendado para el tablero: lo ideal es imprimir el tablero en DIN A3. En ese tamaño, las casillas se ven mejor, los niños mueven las fichas con más facilidad y el juego resulta más cómodo para varios jugadores. Si solo se dispone de impresora doméstica, también puede imprimirse en DIN A4, aunque será más pequeño y convendrá usar fichas pequeñas.
Si se imprime en A3, lo mejor es llevar el archivo a una copistería y pedir una impresión en color sobre papel de 120 g o 160 g. Si se va a usar mucho, puede plastificarse. Otra opción muy buena es pegarlo sobre una base rígida.
Base para el tablero: puede usarse cartón pluma, cartón gris, una tabla fina de madera, una carpeta rígida o una plancha de cartón reciclado bien lisa. Para tamaño A3, una base aproximada de 42 × 30 cm será suficiente. Si se quiere un acabado más bonito, se puede dejar un pequeño margen alrededor del tablero.
Pegamentos recomendados: para pegar el tablero sobre cartón o madera, lo más limpio es usar pegamento en spray reposicionable, porque reparte bien y evita arrugas. También sirve una barra adhesiva fuerte, aplicada con paciencia desde el centro hacia los bordes. No recomiendo cola blanca líquida directamente sobre el papel, porque puede ondularlo. Si se usa cola, debe ponerse muy poca cantidad y extenderse con una brocha o tarjeta.
Montaje sencillo del tablero: coloca primero el tablero impreso sobre la base sin pegarlo, comprueba que queda recto y marca suavemente las esquinas. Después aplica el adhesivo y pega despacio, alisando con una regla, una tarjeta de plástico o un paño limpio. Si quedan burbujas, presiónalas hacia los bordes. Déjalo secar bajo algunos libros durante unas horas.
Cómo imprimir las cartas: cada baraja tiene dos imágenes: anversos y reversos. Primero se imprime el anverso. Después se vuelve a introducir la misma hoja en la impresora e imprime el reverso. Conviene hacer una prueba con una sola hoja antes de imprimir todas las barajas.
En la configuración de impresión, selecciona DIN A4, color, calidad alta y, si la impresora lo permite, impresión a escala 100%. Si al imprimir ves que la imagen se sale un poco del papel, puedes usar “ajustar a página”, pero es mejor mantener siempre el mismo criterio en todas las barajas para que las cartas queden iguales.
Si imprimes en cartulina: usa cartulina blanca imprimible de 160 g a 200 g. Es la opción más práctica, porque las cartas ya salen con cuerpo. Después solo hay que recortarlas con cúter y regla metálica, o con guillotina si tienes una. Si van a usarlas niños pequeños, conviene redondear un poco las esquinas.
Si imprimes en papel normal: imprime en papel de 90 g o 100 g y pega cada hoja sobre cartulina antes de recortar. También puedes imprimir anverso y reverso por separado y pegarlos entre sí, colocando una cartulina fina en medio para dar resistencia.
Plastificar las cartas: si el juego se va a usar mucho, merece la pena plastificar las cartas. Así se protegen de dobleces y suciedad.
Fichas y dado: pueden ser botones, tapones o piezas de otros juegos.
Fichas-avatar: pequeños recortes de cartulina roja. Sobre ellas pegas recortados los avatares que te ofrecemos:

Cómo guardar el juego: lo ideal es preparar una caja sencilla con todo el material. Puede servir una caja decorada por los niños.
Consejo final: no busques un acabado perfecto. Lo importante es que el juego se use y se viva en familia. Prepararlo juntos también forma parte del camino.
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por Guillermo Mirecki | 19 Abr, 2026 | Primera comunión Dinámicas
Jesús es el Pan de Vida: sesión para Primera Comunión sobre Jn 6, 30-35.
1. Introducción
Esta catequesis aborda uno de los textos más importantes para preparar la Primera Comunión. Jesús no realiza aquí un milagro visible, sino que revela una verdad decisiva: Él mismo es el alimento que da la vida eterna.
El objetivo profundo de la sesión es que el niño no se quede en una idea simbólica, sino que comprenda —según su capacidad— que en la Eucaristía recibe realmente a Jesucristo.
2. Objetivos
Objetivo general: Descubrir a Jesús como el verdadero Pan de Vida.
Objetivos específicos:
Comprender la diferencia entre el alimento del cuerpo y el del alma.
Relacionar el maná del desierto con la Eucaristía.
Despertar el deseo de recibir a Jesús en la Comunión.
3. Texto evangélico (Jn 6, 30-35)
«Le dijeron: “¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: ‘Pan del cielo les dio a comer’”.
Jesús les dijo: “En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio el pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo”.
Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”.
Jesús les contestó: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás”» (Jn 6, 30-35, CEE).
4. Explicación catequética
El pueblo recuerda el maná, aquel alimento que Dios daba cada día en el desierto. Era un don de Dios, pero limitado: alimentaba el cuerpo y solo por un tiempo.
Jesús eleva el horizonte: el verdadero pan no es algo que se recibe… es Él mismo. No se trata solo de vivir más, sino de vivir para siempre.
Cuando dice «Yo soy el pan de vida», está revelando que el ser humano tiene un hambre que solo Dios puede saciar.
Esta afirmación encuentra su cumplimiento en la Eucaristía, donde Cristo se da como alimento real.
5. Contemplamos la
Orientaciones para el catequista:
No explicar inmediatamente. Dejar primero que los niños observen.
Preguntas guiadas:
¿Qué ocurre en cada escena?
¿Qué tienen en común?
¿Qué hace Jesús en la última?
Microguion:
“Dios siempre ha querido alimentar a su pueblo… pero ahora hace algo mucho más grande: se da Él mismo como alimento.”
6. Desarrollo de la sesión
Actividad 1: El hambre del corazón
Objetivo: Descubrir el deseo profundo de felicidad en el niño.
Duración: 10-12 minutos
Material: Ninguno
Desarrollo:
El catequista inicia una conversación sencilla:
“¿Cuándo tienes hambre?”
Después introduce:
“¿Y alguna vez te has sentido triste, solo o enfadado?”
Se conduce hacia la idea de un hambre interior.
Consejo al catequista:
No precipitar conclusiones. Dejar que el niño exprese experiencias reales.
Resultado esperado:
El niño reconoce que hay necesidades más profundas que la comida.
Microguion:
“Hay un hambre que no se llena con comida… es el hambre del corazón. Y Jesús viene a llenarla.”
Actividad 2: Del maná a Jesús
Objetivo: Comprender la continuidad de la historia de salvación.
Duración: 15 minutos
Material: Imagen proyectada o impresa
Desarrollo:
El catequista explica brevemente el maná (Éxodo 16):
«Mira, voy a hacer llover pan del cielo para vosotros» (Ex 16, 4, CEE).
Después conecta con el Evangelio:
«Yo soy el pan de vida» (Jn 6, 35).
Consejo al catequista:
Insistir en que Dios actúa con un plan: nada es casual.
Resultado esperado:
El niño percibe que la Eucaristía no aparece de repente, sino que está preparada.
Microguion:
“Dios empezó dando pan… y terminó dándose a sí mismo.”
Actividad 3: Jesús se queda con nosotros
Objetivo: Interiorizar la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
Duración: 15 minutos
Material: Imagen (tercera escena)
Desarrollo:
Momento de silencio. Se observa la escena eucarística.
Pregunta clave:
“¿Por qué Jesús quiso quedarse como pan?”
Consejo al catequista:
Evitar respuestas teóricas. Buscar respuestas personales.
Resultado esperado:
El niño comprende que la Eucaristía es un acto de amor.
Microguion:
“Jesús no quería que lo olvidaras. Por eso se quedó… para estar contigo siempre.”
7. Lectio divina infantil
Texto: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre» (Jn 6, 35).
1. Lectura: Se lee lentamente el texto en voz alta.
2. Meditación:
El catequista explica:
“Jesús no dice que da pan… dice que Él es el pan.”
3. Oración:
Se invita a repetir:
“Jesús, Pan de Vida, ven a mi corazón”.
4. Contemplación:
Silencio breve. Mirar la imagen.
Consejo al catequista:
No alargar. Mejor breve pero profundo.
Resultado esperado:
El niño entra en una relación personal con Jesús.
8. Profundización doctrinal
El Concilio Vaticano II enseña que la Eucaristía es «fuente y culmen de toda la vida cristiana» (Lumen Gentium, 11).
San Juan Pablo II afirma: «La Iglesia vive de la Eucaristía» (Ecclesia de Eucharistia, 1).
Benedicto XVI enseña: «En la Eucaristía se nos da realmente el Cuerpo y la Sangre de Cristo» (Sacramentum Caritatis, 1).
El papa Francisco recuerda: «La Eucaristía no es un premio para los perfectos, sino un alimento para los débiles» (Evangelii Gaudium, 47).
La Iglesia enseña, por tanto, que Cristo está realmente presente, no simbólicamente.
9. Aplicación a la Primera Comunión
El niño debe prepararse comprendiendo que:
Va a recibir a Jesús vivo.
Esto implica:
Preparar el corazón.
Vivir en gracia.
Desear el encuentro con Cristo.
La Primera Comunión no es el final, sino el comienzo de una vida eucarística.
10. Oración final
Señor Jesús,
Tú eres el Pan de Vida,
quédate siempre con nosotros.
Enséñanos a buscarte,
a amarte,
y a recibirte con alegría.
Amén.
11. Conclusión
Una catequesis sobre este texto solo ha cumplido su objetivo si el niño comprende —aunque sea de forma sencilla— que en la Comunión recibe a Jesús de verdad.
Si además nace en él el deseo de comulgar con amor, entonces la catequesis ha sido fecunda.
por Guillermo Mirecki | 10 Abr, 2026 | Primera comunión Dinámicas, Sin categoría
Sesión de catequesis de Primera Comunión sobre Marcos 16, 9-15
El encuentro con Jesús resucitado y la misión de anunciarlo
1. Introducción
El Evangelio de san Marcos, en su capítulo final, nos sitúa ante uno de los momentos más decisivos de la historia: Jesús ha resucitado y comienza a manifestarse a sus discípulos. No se trata solo de apariciones sorprendentes, sino de encuentros que transforman el corazón y abren una misión. María Magdalena, los discípulos y los Once reciben el anuncio de que Cristo vive. Sin embargo, el texto muestra también la dificultad para creer. Algunos dudan, otros no aceptan el testimonio. Y en medio de esa debilidad, Jesús no abandona a los suyos, sino que los envía: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio» (Mc 16, 15).
Este pasaje es muy adecuado para la catequesis de Primera Comunión, porque presenta tres elementos esenciales de la vida cristiana: el encuentro con Jesús resucitado, la necesidad de creer en Él y la llamada a anunciarlo. El niño no solo debe aprender verdades, sino descubrir que Jesús vive y que quiere una relación personal con él. Además, esta catequesis permite mostrar que la fe no siempre es fácil: incluso los primeros discípulos tuvieron dificultades, pero el Señor los sostuvo y los envió.
La imagen catequética en estilo cómic que utilizamos ayuda a recorrer paso a paso este Evangelio. No es una ilustración decorativa, sino una herramienta pedagógica que permite contemplar la historia, detenerse en cada escena y comprender mejor el mensaje. A través de ella, los niños pueden entrar en la experiencia de María Magdalena, reconocer a Jesús resucitado y comprender que también ellos están llamados a anunciarlo con su vida.
2. Objetivos
Objetivo general: Que los niños descubran que Jesús ha resucitado, que vive hoy y que llama a cada uno a creer en Él y a anunciarlo.
- Comprender que Jesús resucitado se aparece realmente a sus discípulos.
- Descubrir que la fe implica confiar en el testimonio y en la palabra de Jesús.
- Reconocer que todos los cristianos están llamados a anunciar el Evangelio.
- Relacionar la presencia de Jesús resucitado con la Eucaristía.
- Fomentar una actitud de confianza, alegría y misión.
3. Edad y duración
Edad: 7–10 años.
Duración: 75–90 minutos.
4. Materiales
- Imagen catequética tipo cómic (Mc 16, 9-15).
- Biblia.
- Papel y colores.
- Cruz o imagen de Jesús.
- Vela.
5. Fuentes bíblicas y doctrinales
El texto central es Marcos 16, 9-15. En él se narra cómo Jesús resucitado se aparece primero a María Magdalena, luego a otros discípulos, y finalmente a los Once, a quienes reprocha su incredulidad y envía a anunciar el Evangelio. Este pasaje conecta con otros relatos de la Resurrección, como Juan 20 y Lucas 24. En todos ellos aparece un mismo mensaje: Cristo vive, se hace presente y transforma a quienes lo encuentran.
El Catecismo enseña que la Resurrección es el fundamento de la fe cristiana (cf. CEC, 638) y que sin ella nuestra fe sería vana. Además, la Iglesia recuerda que todos los bautizados participan en la misión de anunciar el Evangelio (cf. Evangelii gaudium, 120).
6. Sentido catequético
Esta sesión no busca solo que los niños conozcan un episodio del Evangelio, sino que entren en él. El punto clave es que comprendan que Jesús está vivo y que ese hecho cambia todo. No es un personaje del pasado, sino alguien presente que habla, llama y envía. Además, el texto permite enseñar algo muy importante: la fe no siempre es inmediata. Los discípulos dudaron, pero Jesús no los rechazó, sino que los ayudó y les confió una misión.
Para un niño de Primera Comunión, esto es fundamental. Puede tener dudas, distraerse o no entender todo, pero Jesús sigue llamándole. La fe crece poco a poco, y se fortalece en la relación con Cristo, especialmente en la Eucaristía.
7. Observamos la imagen

El catequista presenta la imagen como un recorrido visual del Evangelio. Es importante no pasar deprisa por ella, sino detenerse en cada escena, ayudando a los niños a comprender la secuencia completa. Primero se observa en silencio, dejando que los niños miren libremente. Después, el catequista guía la mirada.
Se comienza por la primera escena: María Magdalena en el sepulcro. Se invita a los niños a describir lo que ven: el lugar, la actitud, el momento del día. A continuación se pasa a la siguiente escena, donde se descubre que el sepulcro está vacío. Se puede preguntar qué significa eso. Después se contempla el encuentro con Jesús resucitado, ayudando a notar el cambio en el rostro de María.
En las escenas siguientes se trabaja el paso del anuncio: María va a contar lo que ha visto, pero los discípulos no creen. Aquí es importante detenerse y hacer notar la reacción de los personajes. Finalmente, se llega a la escena del envío, donde Jesús manda anunciar el Evangelio.
Orientación clave para el catequista: no basta con describir; hay que ayudar a interpretar. La imagen tiene un hilo: ver a Jesús, anunciarlo, encontrar dificultades y ser enviados.
Microguion orientativo:
“Primero alguien se encuentra con Jesús.”
“Después lo anuncia con alegría.”
“Otros no creen… pero Jesús vuelve.”
“Y al final, todos son enviados.”
Conviene terminar esta parte haciendo una pregunta directa: “¿En qué escena estás tú?” Esto ayuda a implicar personalmente al niño.
8. Explicación para niños
Jesús ha resucitado. Esto significa que está vivo de verdad, no como un recuerdo, sino como alguien que puede encontrarse con nosotros. María Magdalena fue la primera en verlo. Estaba triste, pero cuando se encontró con Jesús, todo cambió. Salió corriendo a contarlo, porque cuando uno encuentra algo tan grande, no puede guardárselo.
Sin embargo, los discípulos no la creyeron. Esto nos enseña que a veces cuesta creer, incluso cuando alguien nos habla de Jesús. Puede haber dudas, miedo o simplemente falta de atención. Pero Jesús no se enfada ni se aleja. Él vuelve a salir al encuentro de sus amigos, les ayuda a creer y les confía una misión.
Y aquí está lo más importante: Jesús no solo se aparece, sino que envía. Dice: “Id y anunciad”. Esto significa que todos los cristianos tienen una misión. También los niños. No hace falta hacer cosas extraordinarias. Anunciar a Jesús es vivir como Él: decir la verdad, ayudar, perdonar, rezar, hablar de Él con sencillez.
El niño debe comprender que este Evangelio también habla de él. Jesús vive hoy. Quiere encontrarse con él en la oración, en la Misa, en la Comunión. Y cuando lo encuentra, lo envía. Por eso la fe no es solo aprender cosas, sino vivir con Jesús.

9. Actividades
Actividad 1: “Yo he visto al Señor”
Objetivo: Comprender que anunciar a Jesús nace de haberlo encontrado y que ese anuncio se realiza también con la vida.
Duración: 15-18 minutos.
Desarrollo: El catequista explica brevemente la actitud de María Magdalena: ve a Jesús y lo anuncia. A continuación, pide a los niños que piensen en momentos en los que pueden “mostrar” a Jesús: ayudando, perdonando, rezando. Cada niño realiza un dibujo de una escena concreta donde él mismo actúa como testigo de Jesús.
Después, algunos niños comparten su dibujo. El catequista ayuda a traducir cada situación en clave cristiana: “Aquí estás mostrando el amor de Jesús”, “Aquí estás perdonando como Él”.
Materiales: papel, colores.
Microguion:
“María Magdalena no se queda callada.”
“Cuando encuentras a Jesús, quieres contarlo.”
“También tú puedes mostrar a Jesús con tu vida.”
Actividad 2: “¿Por qué cuesta creer?”
Objetivo: Ayudar a los niños a reconocer las dificultades para creer y descubrir que Jesús ayuda a superarlas.
Duración: 15-18 minutos.
Desarrollo: El catequista plantea la pregunta: “¿Por qué los discípulos no creyeron?”. Se recogen respuestas. Después se trasladan a situaciones actuales: distracción, miedo, vergüenza, dudas. El catequista explica que la fe no siempre es fácil, pero que Jesús no abandona.
Se invita a los niños a pensar en una dificultad personal para creer o rezar. Se puede hacer en silencio. Luego se concluye con una frase común: “Jesús, ayúdame a creer.”
Microguion:
“Los discípulos también tuvieron dudas.”
“No pasa nada por tener dificultades.”
“Jesús te ayuda a creer.”
Actividad 3: “Enviados”
Objetivo: Comprender que todos los cristianos tienen una misión concreta en su vida diaria.
Duración: 15-18 minutos.
Desarrollo: El catequista recuerda las palabras de Jesús: “Id al mundo entero”. Explica que el “mundo” de los niños es su casa, su colegio, sus amigos. Cada niño escribe una acción concreta que realizará esa semana: ayudar en casa, rezar cada día, decir la verdad, hablar de Jesús.
Se pueden leer algunas en voz alta. El catequista anima a cumplirlo durante la semana.
Microguion:
“Jesús también te envía a ti.”
“Tu misión empieza en lo pequeño.”
“Cada día puedes anunciar a Jesús.”
Actividad 4: Preparación interior
Objetivo: Favorecer el encuentro personal con Jesús resucitado.
Duración: 10-12 minutos.
Desarrollo: Se crea un clima de silencio con una vela encendida. El catequista invita a cerrar los ojos y pensar: “Jesús está vivo y me mira”. Se deja un breve silencio. Después se repite juntos: “Jesús, quiero estar contigo.”
Orientación: mantener el recogimiento, sin prisas ni explicaciones excesivas.
10. Lectio divina
Texto: Mc 16, 15
“Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.”
Se proclama lentamente. Se repite varias veces. Cada niño responde: “Jesús, quiero seguirte.”
11. Relación con la Eucaristía
El mismo Jesús resucitado que aparece en el Evangelio es el que recibimos en la Comunión. No es una idea ni un recuerdo: es Cristo vivo. Por eso la Primera Comunión es un encuentro real con Él. Y quien se encuentra con Jesús recibe también una misión.
12. Orientaciones para el catequista
Evitar superficialidad. Usar la imagen como eje. Insistir en la Resurrección como hecho real. Conectar siempre con la vida del niño.
13. Orientaciones para los padres
Rezar juntos. Hablar de Jesús con naturalidad. Vivir la fe en familia.
14. Oración final
Señor Jesús,
tú has resucitado y estás vivo.
Ayúdame a creer en ti,
a confiar en tu palabra
y a anunciarte con mi vida.
Amén.
15. Conclusión
Jesús vive. Y nos envía. Esta es la alegría del cristiano.