La Biblia más infantil: Moisés y los Diez Mandamientos

La Biblia más infantil: Moisés y los Diez Mandamientos

Un día nació un niño israelita y a su madre le daba mucha pena tirarle al río. Entonces, decidió hacer una cesta de paja, meterlo en ella y dejarlo flotando en el agua. La cesta con el niño fue bajando por el río y, al pasar cerca del palacio del Faraón, donde estaba bañándose su hija, le gustó tanto que lo tomó en sus brazos y se lo quedó como si fuera hijo suyo. Le puso por nombre Moisés, que quiere decir «salvado de las aguas».

 

 

«Gracias porque en el Bautismo me hiciste tu hijo»

 

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Moisés en el carroMoisés en el carro

Moisés fue educado en el palacio, como un miembro más de la familia del Faraón. Un día, cuando era ya mayor, se enteró de que él era israelita. Al ver lo mal que vivía su pueblo, como esclavos, se puso triste y escapó del palacio. Se dirigió al desierto, haciéndose pastor de ovejas.

 

 

«Señor, que ayude a quien está necesitado»

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Moisés ante la zarza ardienteMoisés ante la zarza ardiente

Cierto día estaba Moisés cuidando el rebaño, cuando vio una zarza ardiendo. Al acercarse, oyó una voz que le decía: «Moisés, Moisés, soy el Dios de tu padre Abraham, de Isaac y de Jacob. He visto lo que sufren los israelitas en Egipto y voy a sacarlos de allí. Vete y dile al Faraón que yo te mando, para que os deje marchar a todos». Pero el Faraón se negó, y Dios le castigó a él y al pueblo egipcio con muchas plagas.

 

«Que haga caso siempre a lo que Tú me mandas»

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La salida de EgiptoSalida de Egipto

Con el último castigo que mandó Dios a los egipcios, murieron los hijos mayores de cada familia, incluido el hijo del Faraón. Éste, por fin, dejó salir de Egipto a los israelitas, que guiados por Moisés, se dirigieron a la Tierra Prometida o tierra de Canaán. A esta salida de Egipto se llama Éxodo.

 

 

«Señor, que acepte los castigos que por no ser bueno me merezco»

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Cruzando el Mar RojoEl paso del Mar Rojo

Los israelitas se encontraron en su camino con el mar Rojo. Se asustaron mucho porque el ejército egipcio los perseguía muy de cerca. Moisés rezó a Dios, levantó la mano sobre el mar y Dios dividió las aguas del mar Rojo dejando en medio un camino seco. Los israelitas pasaron por allí y, cuando acabaron de pasar, Dios cerró el mar de nuevo y los egipcios fueron derrotados.

 

«Dios mío, gracias porque siempre me proteges»

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Moisés en el Monte Sinaímontesinai - detalle

Dios guió al pueblo de Israel por el desierto y lo llevó hasta el monte Sinaí. Un día la montaña se llenó de fuego y hubo relámpagos y truenos y grandes sonidos de trompetas.

Lectura de la historia del Monte SinaíDios llamó a Moisés a la montaña y le dijo: «Yo soy tu Dios, el que os ha sacado de la tierra de Egipto. Vosotros seréis mi pueblo. Cumpliréis mis mandamientos y no tendréis otros dioses».

 

 

 

«¡Qué grande eres Dios mío!»

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tablasley - fotoLAS TABLAS DE LA LEY

Dios le dio a Moisés las tablas de la Ley como señal de su Alianza con el pueblo. Eran de piedra. En ellas estaban escritos los Diez Mandamientos de la Ley de Dios:

 

  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
  2. No usarás el nombre de Dios en vano.
  3. Santificarás las fiestas.
  4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
  5. No matarás.
  6. No cometerás actos impuros.
  7. No robarás.
  8. No mentirás.
  9. No pensarás nada impuro.
  10. No codiciarás las cosas de otro.

«Gracias, Dios mío, por enseñarme a ser bueno»

 

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El Arca de la Alianza

El Arca de la Alianza

Moisés construyó un arca por mandato de Dios. Era como un cofre o caja con unas figuras de Ángeles encima. En ella guardó las tablas de la Ley. Los soldados de los israelitas la vigilaban cuando marchaban por el desierto. Cuando paraban, la ponían en una tienda de campaña adornada con tapices, que era su templo. Allí rezaban.

 

«¡Que guarde en mi corazón tus mandamientos»

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Moisés ante la Tierra PrometidaMoisés ante la Tierra Prometida

Por fin llegaron a la Tierra Prometida. Moisés la vio desde lo alto de un monte. Habían tardado cuarenta años en llegar, porque los israelitas no siempre fueron buenos mientras vigilaban por el desierto. Y Dios quiso darles tiempo para que se hiciesen mejores. Moisés era ya muy viejo y se murió sin entrar en la Tierra Prometida.

 

 

«Señor, que sea cada vez más bueno»

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De La Biblia más infantil, Casals, 1999. Páginas 35 a 43

Coordinador: Pedro de la Herrán

Texto: Miguel Álvarez y Sagrario Fernández Díaz

Dibujos: José Ramón Sánchez y Javier Jerez

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El hombre en oración (V): La intercesión de Moisés por su pueblo

El hombre en oración (V): La intercesión de Moisés por su pueblo

Queridos hermanos y hermanas:

Leyendo el Antiguo Testamento, resalta una figura entre las demás: la de Moisés, precisamente como hombre de oración. Moisés, el gran profeta y caudillo del tiempo del Éxodo, desempeñó su función de mediador entre Dios e Israel haciéndose portador, ante el pueblo, de las palabras y de los mandamientos divinos, llevándolo hacia la libertad de la Tierra Prometida, enseñando a los israelitas a vivir en la obediencia y en la confianza hacia Dios durante la larga permanencia en el desierto, pero también, y diría sobre todo, orando. Reza por el faraón cuando Dios, con las plagas, trataba de convertir el corazón de los egipcios (cf. Ex 8–10); pide al Señor la curación de su hermana María enferma de lepra (cf. Nm 12, 9-13); intercede por el pueblo que se había rebelado, asustado por el relato de los exploradores (cf. Nm 14, 1-19); reza cuando el fuego estaba a punto de devorar el campamento (cf. Nm 11, 1-2) y cuando serpientes venenosas hacían estragos (cf. Nm 21, 4-9); se dirige al Señor y reacciona protestando cuando su misión se había vuelto demasiado pesada (cf. Nm 11, 10-15); ve a Dios y habla con él «cara a cara, como habla un hombre con su amigo» (cf. Ex 24, 9-17; 33, 7-23; 34, 1-10.28-35).

También cuando el pueblo, en el Sinaí, pide a Aarón que haga el becerro de oro, Moisés ora, explicando de modo emblemático su función de intercesor. El episodio se narra en el capítulo 32 del Libro del Éxodo y tiene un relato paralelo en el capítulo 9 del Deuteronomio. En la catequesis de hoy quiero reflexionar sobre este episodio y, en particular, sobre la oración de Moisés que encontramos en el relato del Éxodo. El pueblo de Israel se encontraba al pie del Sinaí mientras Moisés, en el monte, esperaba el don de las tablas de la Ley, ayunando durante cuarenta días y cuarenta noches (cf. Ex 24, 18; Dt 9, 9). El número cuarenta tiene valor simbólico y significa la totalidad de la experiencia, mientras que con el ayuno se indica que la vida viene de Dios, que es él quien la sostiene. El hecho de comer, en efecto, implica tomar el alimento que nos sostiene; por eso, en este caso ayunar, renunciando al alimento, adquiere un significado religioso: es un modo de indicar que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca del Señor (cf. Dt 8, 3). Ayunando, Moisés muestra que espera el don de la Ley divina como fuente de vida: esa Ley revela la voluntad de Dios y alimenta el corazón del hombre, haciéndolo entrar en una alianza con el Altísimo, que es fuente de la vida, es la vida misma.

Pero, mientras el Señor, en el monte, da a Moisés la Ley, al pie del monte el pueblo la transgrede. Los israelitas, incapaces de resistir a la espera y a la ausencia del mediador, piden a Aarón: «Anda, haznos un dios que vaya delante de nosotros, pues a ese Moisés que nos sacó de Egipto no sabemos qué le ha pasado» (Ex 32, 1). Cansado de un camino con un Dios invisible, ahora que también Moisés, el mediador, ha desaparecido, el pueblo pide una presencia tangible, palpable, del Señor, y encuentra en el becerro de metal fundido hecho por Aarón, un dios que se ha vuelto accesible, manipulable, al alcance del hombre. Esta es una tentación constante en el camino de fe: eludir el misterio divino construyendo un dios comprensible, correspondiente a sus propios esquemas, a sus propios proyectos. Lo que acontece en el Sinaí muestra toda la necedad y la ilusoria vanidad de esta pretensión porque, como afirma irónicamente el Salmo 106, «cambiaron su gloria por la imagen de un toro que come hierba» (Sal 106, 20). Por eso, el Señor reacciona y ordena a Moisés que baje del monte, revelándole lo que el pueblo estaba haciendo y terminando con estas palabras: «Deja que mi ira se encienda contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo» (Ex 32, 10). Como hizo a Abraham a propósito de Sodoma y Gomorra, también ahora Dios revela a Moisés lo que piensa hacer, como si no quisiera actuar sin su consentimiento (cf. Am 3, 7). Dice: «Deja que mi ira se encienda contra ellos». En realidad, ese «deja que mi ira se encienda contra ellos» se dice precisamente para que Moisés intervenga y le pida que no lo haga, revelando así que el deseo de Dios siempre es la salvación. Como en el caso de las dos ciudades del tiempo de Abraham, el castigo y la destrucción, en los que se manifiesta la ira de Dios como rechazo del mal, indican la gravedad del pecado cometido; al mismo tiempo, la petición de intercesión quiere manifestar la voluntad de perdón del Señor. Esta es la salvación de Dios, que implica misericordia, pero a la vez denuncia de la verdad del pecado, del mal que existe, de modo que el pecador, reconociendo y rechazando su pecado, deje que Dios lo perdone y lo transforme. Así, la oración de intercesión hace operante, dentro de la realidad corrompida del hombre pecador, la misericordia divina, que encuentra voz en la súplica del orante y se hace presente a través de él donde hay necesidad de salvación.

La súplica de Moisés está totalmente centrada en la fidelidad y la gracia del Señor. Se refiere ante todo a la historia de redención que Dios comenzó con la salida de Israel de Egipto, y prosigue recordando la antigua promesa dada a los Padres. El Señor realizó la salvación liberando a su pueblo de la esclavitud egipcia. ¿Por qué entonces —pregunta Moisés— «han de decir los egipcios: «Con mala intención los sacó, para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra»?» (Ex 32, 12). La obra de salvación comenzada debe ser llevada a término; si Dios hiciera perecer a su pueblo, eso podría interpretarse como el signo de una incapacidad divina de llevar a cabo el proyecto de salvación. Dios no puede permitir esto: él es el Señor bueno que salva, el garante de la vida; es el Dios de misericordia y perdón, de liberación del pecado que mata. Así Moisés apela a Dios, a la vida interior de Dios contra la sentencia exterior. Entonces —argumenta Moisés con el Señor—, si sus elegidos perecen, aunque sean culpables, él podría parecer incapaz de vencer el pecado. Y esto no se puede aceptar. Moisés hizo experiencia concreta del Dios de salvación, fue enviado como mediador de la liberación divina y ahora, con su oración, se hace intérprete de una doble inquietud, preocupado por el destino de su pueblo, y al mismo tiempo preocupado por el honor que se debe al Señor, por la verdad de su nombre. El intercesor, de hecho, quiere que el pueblo de Israel se salve, porque es el rebaño que le ha sido confiado, pero también para que en esa salvación se manifieste la verdadera realidad de Dios. Amor a los hermanos y amor a Dios se compenetran en la oración de intercesión, son inseparables. Moisés, el intercesor, es el hombre movido por dos amores, que en la oración se sobreponen en un único deseo de bien.

Después, Moisés apela a la fidelidad de Dios, recordándole sus promesas: «Acuérdate de tus siervos, Abraham, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo: «Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea para siempre»» (Ex 32, 13). Moisés recuerda la historia fundadora de los orígenes, recuerda a los Padres del pueblo y su elección, totalmente gratuita, en la que únicamente Dios tuvo la iniciativa. No por sus méritos habían recibido la promesa, sino por la libre elección de Dios y de su amor (cf. Dt 10, 15). Y ahora, Moisés pide al Señor que continúe con fidelidad su historia de elección y de salvación, perdonando a su pueblo. El intercesor no presenta excusas para el pecado de su gente, no enumera presuntos méritos ni del pueblo ni suyos, sino que apela a la gratuidad de Dios: un Dios libre, totalmente amor, que no cesa de buscar a quien se ha alejado, que permanece siempre fiel a sí mismo y ofrece al pecador la posibilidad de volver a él y de llegar a ser, con el perdón, justo y capaz de fidelidad. Moisés pide a Dios que se muestre más fuerte incluso que el pecado y la muerte, y con su oración provoca este revelarse divino. El intercesor, mediador de vida, se solidariza con el pueblo; deseoso únicamente de la salvación que Dios mismo desea, renuncia a la perspectiva de llegar a ser un nuevo pueblo grato al Señor. La frase que Dios le había dirigido, «Y de ti haré un gran pueblo», ni siquiera es tomada en cuenta por el «amigo» de Dios, que en cambio está dispuesto a asumir sobre sí no sólo la culpa de su gente, sino todas sus consecuencias. Cuando, después de la destrucción del becerro de oro, volverá al monte a fin de pedir de nuevo la salvación para Israel, dirá al Señor: «Ahora, o perdonas su pecado o me borras del libro que has escrito» (v. 32). Con la oración, deseando lo que es deseo de Dios, el intercesor entra cada vez más profundamente en el conocimiento del Señor y de su misericordia y se vuelve capaz de un amor que llega hasta el don total de sí. En Moisés, que está en la cima del monte cara a cara con Dios y se hace intercesor por su pueblo y se ofrece a sí mismo —«o me borras»—, los Padres de la Iglesia vieron una prefiguración de Cristo, que en la alta cima de la cruz realmente está delante de Dios, no sólo como amigo sino como Hijo. Y no sólo se ofrece —«o me borras»—, sino que con el corazón traspasado se deja borrar, se convierte, como dice san Pablo mismo, en pecado, lleva sobre sí nuestros pecados para salvarnos a nosotros; su intercesión no sólo es solidaridad, sino identificación con nosotros: nos lleva a todos en su cuerpo. Y así toda su existencia de hombre y de Hijo es un grito al corazón de Dios, es perdón, pero perdón que transforma y renueva.

Creo que debemos meditar esta realidad. Cristo está delante del rostro de Dios y pide por mí. Su oración en la cruz es contemporánea de todos los hombres, es contemporánea de mí: él ora por mí, ha sufrido y sufre por mí, se ha identificado conmigo tomando nuestro cuerpo y el alma humana. Y nos invita a entrar en esta identidad suya, haciéndonos un cuerpo, un espíritu con él, porque desde la alta cima de la cruz él no ha traído nuevas leyes, tablas de piedra, sino que se trajo a sí mismo, trajo su cuerpo y su sangre, como nueva alianza. Así nos hace consanguíneos con él, un cuerpo con él, identificados con él. Nos invita a entrar en esta identificación, a estar unidos a él en nuestro deseo de ser un cuerpo, un espíritu con él. Pidamos al Señor que esta identificación nos transforme, nos renueve, porque el perdón es renovación, es transformación.

Quiero concluir esta catequesis con las palabras del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma: «¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, que murió, más todavía, resucitó y está a la derecha de Dios y que además intercede por nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? (…) Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, (…) ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor» (Rm 8, 33-35.38.39).

Santo Padre emérito Benedicto XVI: El hombre en oración

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Historia de Moisés (III de III)

Historia de Moisés (III de III)

Los Diez Mandamientos

Cuando hubo acabado de hablar a Moisés, Yahvé escribió con su dedo en dos tablas de piedra Los Diez Mandamientos de su Ley y se las dio a Moisés para que los transmitiera al pueblo de Israel.

Pero como tardaba bastantes días en bajar del monte Sinaí porque estaba aprendiendo muchas cosas que Dios le decía; el pueblo había obligado a Aarón a construir con los anillos y joyas de las mujeres un falso dios, un becerro de oro, para que marchase delante de ellos pues creían que ya no volverían a ver a Moisés. Entonces. Yahvé, al ver la idolatría de su pueblo pensó en exterminarlos a todos, pero Moisés intercedió de nuevo rogándole que se acordara de las promesas hechas a sus padres y el Señor se retuvo y no ejecutó su castigo. No obstante, cuando Moisés llegó hasta el campamento, tiró las tablas de piedra al suelo y las rompió encolerizado, luego gritó: “¡A mí los que estén con Yahvé!” Al momento se le unió la tribu de Leví (los levitas) y armados con espadas castigaron duramente a los culpables.

 

Moises0302_Becerro_de_oroRecuerda que la madre de Moisés era de la tribu de Leví, y que por tanto él también lo era, y no es de extrañar que los primeros en acudir a su llamada fueran los de su misma tribu. Desde aquel momento, los levitas fueron elegidos para el servicio de Dios, ejerciendo esta tarea durante muchos siglos hasta la llegada de Jesús, que convive con ellos y los nombra en el Evangelio.

Tras este episodio, Moisés fue llamado para subir al monte con otras tablas de piedra para que Yahvé escribiera de nuevo los diez mandamientos en ellas.

Permaneció en el monte cuarenta días y cuarenta noches ayunando y hablando con Yahvé.

Al bajar del Sinaí con las tablas en sus manos, tenía el rostro resplandeciente por haber estado hablando con Dios largo tiempo, y aunque Aarón y los representantes del pueblo tenían miedo de acercársele, él los tranquilizó y les transmitió las cosas que el Señor le explicaba sobre la Ley escrita en las tablas.

Por fin partieron de aquel lugar y Dios ya no quería ir delante de Israel como hasta entonces porque decía: “Este es un pueblo de dura cerviz” Pero, como siempre, Moisés intercedió ante Yahvé para que no abandonase su posición y consiguió que la nube de Dios marchara nuevamente delante del pueblo conduciéndolo por el desierto.


Una tierra que mana leche y miel

Ya estaban cerca de la tierra de Canaán, en un lugar llamado Cadés-Barnea, cuando Dios pidió a Moisés que enviara exploradores para reconocer el territorio que les tenía destinado. Moisés les recomendó: “Observad bien esa tierra, cómo es, qué gente la habita, si son fuertes o flojos, cómo son sus ciudades, si con murallas o sin ellas, qué tal son los terrenos, si fértiles o pobres, si hay o no hay árboles. Animaos y traed algún fruto de esa tierra”

Moises0303Se fueron los exploradores y al poco tiempo volvieron diciendo: “En verdad mana leche y miel en esa tierra, ved los frutos” Y traían frutos, entre ellos un racimo de uvas tan grande que tenían que levantarlo entre dos con un palo.

“Pero sus habitantes son muy fuertes, algunos parecen gigantes, y sus ciudades son grandes y están amuralladas”, dijeron. Esto desanimó a los israelitas que lloraron y murmuraron de Yahvé y de Moisés, y a pesar de que este último les instaba a no desfallecer, Dios castigó a los que dudaron de Él a no entrar en la tierra de Canaán.

Pero algunos de ellos se envalentonaron y salieron precipitadamente con la intención de invadirla cuanto antes; pero como la nube no se movía del campamento, Moisés les desaconsejó que hicieran tal cosa porque no era el momento que Yahvé había previsto. Y como no hicieron caso, los que salieron fueron derrotados por aquellos habitantes.


La presencia de Yahvé

De nuevo volvieron al desierto guiados por Yahvé. Cuando la nube de Yahvé se alzaba, el pueblo se levantaba y emprendía la jornada de camino; el Arca de La Alianza iba siempre delante, y cuando la nube no se alzaba, esperaban hasta el día en que ocurría y entonces se movían. De noche la nube se hacía de fuego y en el lugar en que se paraba allí acampaban los hijos de Israel.


Conspiración contra Moisés

También hubo quienes quisieron convencer al pueblo de que Moisés no tenía por qué ser el jefe; en concreto tres israelitas de los más distinguidos que se llamaban Coré, Datán y Abirón se le enfrentaron y arrastraron tras de sí a otros doscientos cincuenta hombres. Moisés los citó al día siguiente delante del Tabernáculo donde se guardaba el arca para ver la decisión que tomaba Yahvé. Éste habló a Moisés y dijo: “Di al pueblo que se aparte de las tiendas de esos impíos” A continuación se rompió el suelo debajo de ellos, abrió la tierra su boca y se tragó a los impostores con sus tiendas. Lugo, un fuego de Yahvé abrasó a los doscientos cincuenta hombres que les seguían.


Moises0304Yahvé hace brotar agua de la roca

Finalizando ya los cuarenta años de penalidades por el desierto volvieron a Cadés–Barnea, cerca de Canaan. En aquel lugar no había nada de agua y la nueva generación de israelitas se enfadó mucho con Moisés dudando de la ayuda de Yahvé porque decían: “¿Está o no está Yahvé con nosotros?”. Dios dirigió a Moisés y a Aarón, ya ancianos, hacia una determinada roca acompañados de los ancianos de Israel; allí, Moisés golpeó con su cayado la roca para que brotara agua, pero tardó un poco en salir y dudó un momento y volvió a golpear otra vez. Entonces brotó agua abundante a la vista de todos ellos. Pero Yahvé dijo a Moisés y Aarón: “Porque no habéis creído en mí santificándome a los ojos de los hijos de Israel, no introduciréis vosotros a este pueblo en la tierra que yo les he dado”. Moisés dio a aquel lugar el nombre de Masá, que significa tentación, y Meribá, que significa querella, porque el pueblo había tentado a Yahvé y se había querellado con Moisés.


La serpiente de bronce

Antes de llegar, todavía tuvieron que dar un rodeo y el pueblo, que estaba impaciente, murmuró otra vez contra Yahvé. Dios mandó serpientes venenosas que mordían a la gente y se morían muchos de ellos. Entonces se arrepintieron y de nuevo suplicaron a Moisés que intercediera ante Yahvé y les librara de las serpientes.

Moises0305Yahvé encargó a Moisés que fabricara una serpiente de bronce y que la alzara en un poste a la vista de todo el campamento; todo aquel que la miraba cuando era mordido por una serpiente, quedaba curado.

Hay mucha similitud entre aquella serpiente de bronce, que salvaba a quien la miraba, y el sacrificio redentor de Jesús para toda la humanidad, cuando fue clavado en la cruz y levantado a la vista de todos.

Él mismo anunció su muerte sobre la cruz recordando el episodio de la serpiente de bronce de Moisés.

¡En fin!, Muchas más cosas sucedieron durante este tiempo de peregrinación por el desierto; Moisés siempre estuvo intercediendo por su pueblo ante Yahvé a pesar de las muchas infidelidades. Hablaba con Dios cara a cara como se habla con un amigo y siempre les conseguía el perdón del Señor.


La llegada a Canaán

Moises0306Dios concedió a Moisés poder contemplar la tierra prometida desde lo alto de un monte cercano: el monte Nebo. Pero Moisés y Aarón murieron sin poder pisar la ubérrima tierra de Canaán a la que se llegaba tras cruzar el río Jordán, que por aquella estación del año venía muy caudaloso. Tomó el relevo Josué, el ministro de más confianza de Moisés, y cuando ya iban a cruzarlo, comenzando a pasar el Arca de La Alianza, se detuvieron las aguas río arriba y pudieron atravesarlo todos a pié como en el Mar Rojo. El Arca se mantuvo en medio del río mientras terminaban de pasar. Otra muestra más de la portentosa mano de Yahvé.

¡Y llegaron a la ansiada meta: Canaán, la tierra prometida! Atrás quedaban cuarenta años de dura prueba por el desierto. Pero el camino dentro de este rico país tampoco sería sencillo para el pueblo de Israel; lo iremos conociendo en los próximos episodios.

Como el pueblo de Israel caminó durante cuarenta años por el desierto hacia la tierra prometida, La Iglesia entera camina, peregrina en este mundo, hacia la patria del cielo, y también cada uno de nosotros en medio de las dificultades, hacia nuestra meta celestial; siempre consolados por la certeza de que Dios vela por nosotros como un padre amoroso lo hace por cada uno de sus hijos.

La Santa Iglesia nos explica que en muchos acontecimientos del Antiguo Testamento están anunciados, o prefigurados, otros que sucedieron cuando Jesucristo dio cumplimiento a toda La Ley con su venida al mundo. Así, por ejemplo, en esta historia, el paso del Mar Rojo es figura o anuncio del Bautismo; el “maná” lo es de La Eucaristía; la serpiente de bronce, de la Cruz de Jesús; la piedra de la que brotaba agua en el desierto es figura de Jesucristo que nos alimenta con su gracia; el Tabernáculo representa el Santuario del cielo; la sangre de los animales de la antigua alianza es figura de la sangre de Cristo y de su Nueva y definitiva Alianza con los hombres.


Vocabulario

Caudaloso: Con mucha agua

Cerviz: Parte posterior del cuello

Instar: Urgir la pronta ejecución de una cosa

Prefigurar: Representar con anticipación

Querella: Queja, acusación

Ubérrimo: Muy abundante y fértil


Para la catequesis

  • ¿Sabes en qué consiste la idolatría? ¿Tenemos ídolos en el mundo actual?, ¿se te ocurre alguno?
  • El Arca de la Alianza desapareció hace muchos siglos ¿Qué transportaba en su interior? ¿Crees que es necesario que aparezca en nuestros días? ¿Por qué?; si apareciera ¿crees que brotarían de su interior poderes extraños?
  • Sin duda sabrás cuántos son los mandamientos de la Ley de Dios. Recuérdalos todos en voz alta.
Historia de Moisés (II de III)

Historia de Moisés (II de III)

Después de ocho plagas, el faraón de Egipto seguía sin ceder. Yahvé envió otra más: Una gran oscuridad sobre Egipto que duró tres días, de modo que no se movía nadie por miedo a tropezar, menos en la tierra de Gosén, donde los israelitas veían brillar el sol igual que siempre.


La Pascua de Yahvé

Y como a pesar de todo, el faraón no hacía caso a Moisés, Yahvé anunció su última y más terrible plaga con la certeza de que tras ella, no solo dejarían salir a su pueblo, sino que hasta los mismos egipcios los forzarían a irse: 

Dijo Yahvé a Moisés y a Aarón: “Este mes será para vosotros el comienzo del año. Que cada casa tome una res joven y sin defecto, cordero o cabrito. El día catorce del mes lo sacrificarán por la noche y lo comerán, y Moises0201con su sangre pintarán los postes y los dinteles de las casas donde se coma. Deberá asarse a fuego y comerla acompañada de panes ácimos y lechugas silvestres. Si algo sobra, se quemará. Habréis de comerlo de pié, preparados para salir, con los vestidos ceñidos, los pies calzados y el báculo en la mano. Comed de prisa porque en la noche pasaré por Egipto y mataré a todos los primogénitos de su pueblo. Cuando el Ángel Exterminador pase por Egipto no entrará en las casas que estén marcadas con la sangre del animal sacrificado.

Guardaréis este rito perpetuamente para vosotros y para vuestros hijos, será el rito de La Pascua de Yahvé. Recordaréis que pasó de largo por las casas de los israelitas cuando castigó a Egipto.

Moises0202Y en medio de las tinieblas mató Yahvé a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde el primogénito del faraón hasta el menos importante.

Aquella noche resonó un gran clamor en todo Egipto pues no había casa en donde no hubiera algún muerto. El faraón, abatido por la pena, llamó a Moisés y a Aarón y les dijo: “Salid de nuestra tierra como habéis pedido, llevaos vuestras cosas, marchaos y dejadme”

Todos los egipcios tenían miedo a morir también y apremiaban al pueblo de Israel para que saliera.

Los hijos de Israel partieron aquella misma noche de las tierras de Egipto conducidos por Moisés hacia la tierra prometida; su número era de seiscientos mil, sin contar los niños y otros muchos que se les habían unido. Habían vivido en Egipto cuatrocientos treinta años cuando la poderosa mano de Dios los liberó de aquella dura esclavitud.

Moises0203Llevaban los huesos de José, según la voluntad que expresó al morir. Yahvé marchaba delante de su pueblo anunciando su presencia en forma de columna de nube durante el día y de columna de fuego por las noches, para señalarles el camino tanto de día como de noche.


El Faraón persigue a los israelitas. El paso del Mar Rojo

Cuando el faraón y sus cortesanos se vieron privados de los servicios que recibían de Israel, decidieron salir en su busca para obligarlos a regresar. El ejército egipcio se organizó con rapidez y divisó a los israelitas acampados cerca del Mar Rojo; estos, al verlos se asustaron muchísimo y llenos de temor clamaron a Yahvé, pero Moisés les tranquilizó: “No temáis, estaos tranquilos que Yahvé combatirá por vosotros”.

Moises0204Y dijo Dios a Moisés: “Diles que se pongan en marcha; levanta tu cayado y extiéndelo sobre el mar y divídelo para que el pueblo lo atraviese por en medio, en seco”.

La nube, que iba delante, se colocó detrás, entre Israel y el ejército egipcio, porque caía la noche; de ese modo hacía de barrera entre ambos pueblos para que no pudieran tocarse.

Cuando Moisés tendió su mano sobre el mar, Yahvé hizo soplar durante toda la noche un viento fortísimo que lo dejó seco y dividió las aguas. El pueblo de Israel pudo entrar a pié en medio del mar, y éste formaba para ellos una muralla a derecha e izquierda sin tocarlos.

Los egipcios iniciaron su persecución y entraron en el mar, los carros, con los caballos y los soldados, seguros de que allí mismo los atraparían, pero cuando se dieron cuenta del grave error que habían cometido ya no pudieron dar marcha atrás: las ruedas se hundían en la arena, los caballos y los carros se enredaban unos con otros, no conseguían avanzar, todos los esfuerzos resultaban inútiles. Entonces, una vez que hubieron pasado los israelitas, dijo Yahvé a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar” Y hecho esto, los egipcios sintieron el gran estruendo de las aguas que, impetuosamente, volvían a su estado ordinario cubriendo los carros, los soldados y los caballeros, y haciendo que todo el ejército egipcio pereciera ahogado. Al ver este prodigio, Israel creyó en Yahvé y en Moisés, su siervo.


Yahvé conduce a Israel por el desierto

Tras el paso por el Mar Rojo, el Señor condujo a su pueblo por el desierto durante cuarenta años antes de llegar a la tierra prometida (Canaán). Durante este tiempo tan largo, Dios quiere darse a conocer mediante muchas señales y prodigios milagrosos, todos a favor de Israel, y les muestra la predilección que siente por ellos. Pero también es tiempo de prueba, ya que en estos cuarenta años les suceden muchas vicisitudes, a veces difíciles de entender para ellos, que poco a poco van aquilatando su fe en Yahvé, el único y verdadero Dios.

Salieron del Mar Rojo y estuvieron tres días avanzando hacia el desierto sin encontrar agua hasta que vieron unos pozos que, al probarlos, contenían aguas amargas; Dios indicó a Moisés que arrojase un madero a las aguas las cuales se volvieron dulces y buenas para beber.

Moisés instaló, algo apartada del campamento, una tienda: “La tienda de la reunión” para que quien quisiese consultar algo al Señor lo hiciera desde allí. Cuando el que entraba era Moisés, el pueblo le seguía con la mirada, luego la nube de Yahvé bajaba y se detenía ante la puerta; entonces todo el pueblo se inclinaba y adoraba a Dios


Yahvé alimenta a su pueblo

Más adelante se les fue acabando la comida y un día apareció sobre el campamento una fina capa como de escarcha caída del cielo. Moisés les dijo: “Este es el pan que os da Yahvé para alimento”

Moises0205Los hijos de Israel recogieron esta capa a la que llamaron “el maná “ y prepararon el pan con ella. Nadie podía guardar para el día siguiente porque se estropeaba; solamente el día sexto de la semana guardaban para la fiesta y entonces no se estropeaba. El maná era como unas pequeñas semillas blancas que cuando se molían y tostaban sabían como las tortas de harina de trigo con miel, y sirvió de alimento constante al pueblo de Israel durante todo el tiempo que duró su peregrinación por el desierto, es decir, cuarenta años.

Acuérdate de que muchos siglos más tarde, Jesús declararía a sus discípulos que Él es el verdadero pan bajado del cielo que se queda en la Eucaristía. Y les recordaría: “Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron…Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que come de este Pan vivirá para siempre y el pan que yo le daré es mi carne para la vida del mundo”

Muchos discípulos no lo entendieron en aquel momento.

Como había escasez de carne, Moisés les anunció de parte de Yahvé que vendría el alimento llovido del cielo; y una tarde, aparecieron bandadas de codornices que cayeron sobre el campamento y así pudieron saciar sus deseos de comer carne.


Batalla contra Amalec

En otra ocasión, vino una tribu llamada Amalec (o amalecitas) para atacar a Israel y robarle las cosas que habían traído de Egipto. Moisés organizó la defensa y encargó a Josué, un ministro de mucha confianza, que eligiera hombres y formara un ejército para luchar contra Amalec, y le dijo: “Yo estaré en la cima de la colina con el cayado de Dios en la mano”. Durante el combate, mientras Moisés tenía las manos levantadas hacia el cielo rogando a Dios, ganaban los israelitas; pero si se cansaba y bajaba los brazos, entonces ganaba Amalec. Como la batalla duraba mucho tiempo, tuvieron que sentar a Moisés sobre una piedra y sujetarle los brazos entre dos para que no los bajara. Israel consiguió de este modo una gran victoria.

Fíjate cómo durante La Santa Misa, el sacerdote levanta los brazos cuando se dirige a Dios en diversos momentos para suplicarle con mayor afán, igual que hizo Moisés.


El acontecimiento más importante: la Alianza del Sinaí

mMoises0206Tres meses después de la salida de Egipto, llegaron a los pies del Monte Sinaí. Yahvé llamó a Moisés desde el monte y le dijo: “Dile a mi pueblo de mi parte: Si oís mi voz y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para Mí un reino de sacerdotes, una nación santa”

Era costumbre que el hijo primogénito se consagrase a Dios como sacerdote. Yahvé considera a todo Israel como el pueblo primogénito entre los demás.

Todos contestaron: “¡Haremos lo que nos diga el Señor!”.

A los tres días, el pueblo, convocado por Yahvé, estaba a los pies del monte. Una densa nube se situó en la cima, de la cual surgían grandes truenos y relámpagos y se oyó un muy fuerte sonido de trompetas. Moisés hablaba con Dios a la vista del pueblo y Éste respondía con el trueno lo cual les atemorizaba mucho y se mantenían a distancia. Moisés subió y allí escuchó del Señor los mandamientos y preceptos que quería que cumpliera el pueblo de Israel.

Moisés bajó del monte y les explicó lo que había oído del Señor; de nuevo el pueblo contestó: “Todo cuanto ha dicho Yahvé lo cumpliremos y obedeceremos”. Entonces Moisés construyó un altar con doce piedras, una por cada tribu, y ofreció un sacrificio solemne: Tomó sangre del animal sacrificado, que simboliza la fuente de la vida, y la aspergió primero sobre el altar, que representa a Dios, y luego sobre el pueblo diciendo: “Esta es la sangre de la alianza que hace con vosotros Yahvé sobre todos estos preceptos.”

A esta unión especial de Yahvé con su pueblo, por medio de la sangre, a los pies del monte se la conoce como La Alianza del Sinaí, en la que Dios acepta el sacrificio ofrecido por Moisés en nombre de todo Israel y se compromete a conducir hacia Canaán al pueblo elegido. Yahvé renueva así el pacto eterno que hizo con Abraham, y después con Isaac y con Jacob para ellos y para toda su descendencia. Siglos más tarde, Jesús renovaría para siempre la última y definitiva alianza de Dios con toda la humanidad por medio de la sangre de su propio sacrificio en la cruz, con estas palabras pronunciadas ante sus discípulos en la Última Cena: “Éste es el cáliz de Mi sangre, sangre de la Alianza Nueva y Eterna que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración Mía”.


Dios explica a Moisés cómo quiere que se le dé culto

Moises0207Nuevamente subió Moisés al monte y recibió de Dios instrucciones para construir el Arca de La Alianza, que era un arca pequeña que podían transportar entre cuatro personas porque llevaba dos barras de madera a lo largo; estaba cubierta toda de oro por dentro y por fuera, y portaba encima, en los extremos, dos querubines de oro puro que se miraban el uno al otro y que con sus alas cubrían el arca.

Dentro se guardarían las tablas de piedra con los mandamientos, que el mismo Dios entregaría a Moisés, y allí el Señor hablaría con Moisés.

Además del Arca, Yahvé le mandó fabricar:

  • Una mesa de madera cubierta de oro, para las ofrendas: El altar de las ofrendas.
  • Un candelabro de oro puro con siete lámparas.
  • Una tienda o Tabernáculo hecho con primorosas telas, cortinas y tapices, para colocar en su interior el Arca de La Alianza, que, a su vez, debería estar reservada detrás de un rico velo de tela.
  • Un altar de madera cubierta de oro para perfumar con incienso la habitación donde estuviera el arca: El altar de los perfumes.
  • Y fuera de la habitación, al aire libre, otro altar de madera y bronce para los sacrificios de los animales: El altar de los sacrificios.

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Todo ello rodeado por un atrio de columnas y cortinas de 46 metros de largo por 22 de ancho.

Yahvé también indicó cómo deberían ser las vestiduras de los sacerdotes, con valiosos tejidos, piedras preciosas y bordados.

Que, por cierto, se parecen a las que usan hoy día los sacerdotes al celebrar La Santa Misa, y es un signo de la fidelidad que mantiene La Iglesia para seguir los deseos de Dios desde antiguo.

Por último, Yahvé ordenó que se descansara un día en la semana, el sábado, recordando que la creación del mundo la realizó en seis días, y el séptimo descansó.

Nosotros descansamos el domingo, día en que Jesús, con su resurrección, trajo la alegría de la salvación a toda la humanidad.


Vocabulario

Ácimo: Sin levadura

Aquilatar: Apreciar debidamente

Asperger: Rociar

Atrio: Espacio descubierto

Dintel: Parte superior de una puerta o ventana que carga sobre las jambas.

Jamba: Cualquiera de las dos piezas que, puestas verticalmente en los lados de las puertas o ventanas, sostienen su dintel.

Primogénito: El primero que nace.

Querubín: Una clase de ángel.

Res: Cabeza de ganado.

Rito: Conjunto de reglas establecidas para el culto.

Vicisitud: Suceso. Orden sucesivo o alternativo de cosas diferentes.


Para la catequesis

  • ¿Cómo hacía notar Yahvé su presencia entre el pueblo mientras marchaban por el desierto? ¿Está presente hoy Dios entre nosotros?, ¿dónde?
  • ¿Por qué levanta las manos el sacerdote en algunos momentos de la celebración de La Santa Misa? Pregúntaselo.
  • El mismo Yahvé dio instrucciones para confeccionar las vestiduras sagradas. ¿Sabes cómo se llama cada prenda de las vestiduras sagradas que usa el sacerdote en La Santa Misa? ¿Sabías que cada una tiene un significado? Pregúntale al sacerdote
  • ¿Cuál es el sacrificio que sella la Nueva y definitiva Alianza de Dios con los hombres?
Historia de Moisés (I de III)

Historia de Moisés (I de III)

Gracias a la bondad de José, los hijos de Israel marcharon a Egipto con sus familias huyendo del hambre que asolaba la tierra de Canaán. Allí se multiplicaron durante cuatrocientos años, viniendo a ser tantos que comenzaron a preocupar seriamente a un faraón (un rey) que ya no se acordaba de la prosperidad que José había conseguido para Egipto.

“Tenemos que obrar astutamente con este pueblo antes de que siga creciendo y no seamos capaces de dominarlo”, decía. Y comenzó a oprimir a los israelitas mandándoles penosos trabajos, y ordenando matar a los niños varones que nacieran de ellos.


Moisés, salvado de las aguas

Pero una mujer descendiente de Leví recuerda que era un hijo de Jacob o Israel tuvo un niño muy hermoso y lo escondió durante tres meses a salvo de los egipcios. Un día tomó una cestita de papiro, le untó betún para que no le entrara el agua y puso dentro al niño dejándolo en el río entre las plantas de la orilla. La hermana del bebé se quedaba vigilando a escasa distancia para ver qué sucedía.

Moises0102La hija del faraón bajó a bañarse en el río y, de pronto, vio la cestita entre las plantas y mandó a una de sus doncellas que la trajera. Al abrirla, vio al niño que lloraba, y compadecida de él se dijo: “es un hebreo” los israelitas también se llamaban hebreos. La hermana del niño, que estaba muy atenta, y era muy lista, se acercó y dijo a la hija del faraón: “¿Quieres que busque entre las mujeres hebreas alguna para que lo críe?” “Anda y ve” le respondió. La joven corrió a llamar a su madre y, cuando esta se presentó, la hija del faraón le dijo: “Toma a este niño, críamelo y yo te pagaré”

La madre del niño se lo llevó contentísima y lo crió hasta que fue grandecito, luego lo entregó confiadamente a la hija del faraón, quien lo adoptó como si fuera un hijo suyo y le puso de nombre Moisés que significa ‘salvado de las aguas’.

Cuando ya era adulto, Moisés salía a ver a sus hermanos pues no ignoraba que era hebreo. Un día vio que un egipcio maltrataba a uno de ellos; se enfadó tanto que mató al egipcio y lo sepultó en la arena.

Enterado el faraón, buscaba a Moisés para hacerle pagar por ello pero este huyó de Egipto y se refugió en un lejano país llamado Madián, en Arabia.

Allí llegó a un pozo de agua y se sentó a descansar. Vinieron al pozo siete mujeres, hijas del sacerdote de aquel lugar, para sacar agua y abrevar a sus rebaños; pero se acercaron unos pastores y las echaban de allí. Viendo lo que ocurría Moisés salió en defensa de las jóvenes, luego sacó agua y les dio para que bebiera el ganado.

Las chicas contaron a su padre lo sucedido y este, que se llamaba Jetró, mandó que le buscaran para invitarle a comer con ellos y agradecerle su valeroso gesto.

Se hicieron muy amigos y Jetró dio a Moisés a su hija Séfora por esposa.

Pasó el tiempo y murió el faraón de Egipto pero, con el nuevo, los hijos de Israel seguían siendo maltratados y clamaban a su Dios, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Y Dios escuchó las súplicas de su pueblo y decidió actuar.


La zarza ardiente. Dios se da a conocer. Misión de Moisés

Moises0103Estaba un día Moisés apacentando el ganado de su suegro cerca del monte Horeb, también conocido como monte Sinaí, cuando vio que una zarza estaba ardiendo sin cesar pero no se consumía. Se acercó para mirar pero El Señor, que estaba en medio de la zarza le dijo: “¡Moisés! ¡Moisés!” Él respondió: “Aquí estoy”. El Señor le dijo: “No te acerques, quítate las sandalias porque el lugar que pisas es tierra santa” Y añadió: “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob; he visto la aflicción de mi pueblo en Egipto y he bajado para liberarlo de las manos de los egipcios y para conducirlos a una tierra fértil y espaciosa, una tierra que mana leche y miel. Quiero enviarte al faraón para que saques a los hijos de Israel de Egipto”

Moisés dijo: “Pero si me preguntan los hijos de Israel cuál es el nombre del que me envía a ellos ¿qué responderé?” Y Dios dijo a Moisés: “YO SOY EL QUE SOY” Así responderás a mi pueblo: “YO SOY, me manda a vosotros” Y añadió: “Ve y habla con los ancianos del pueblo, ellos te escucharán, y luego id juntos a pedir al faraón que os deje salir de su país. Yo sé que no querrá dejaros pero castigaré a Egipto con grandes prodigios hasta que os deje”

A partir de este momento, el pueblo de Israel llamaría a Dios Yahvé, que significa “El que Es” Este nombre es revelado aquí en la zarza ardiente por el mismo Dios a Moisés: “YHWH”, que si te das cuenta es impronunciable porque no hay nombre capaz de definir todo lo que Dios es, pero al intentar leerlo se parece al sonido de “Yahvé”

Moisés respondió: “El faraón no va a creerme cuando le diga que vengo de parte de Yahvé” Entonces dijo Dios a Moisés: “Tira tu cayado al suelo” Y al instante se convirtió en una serpiente, luego le dijo que la cogiera por la cola y de nuevo era un palo de madera. Después le dijo que metiera su mano dentro del pecho, y cuando la sacó estaba cubierta de lepra y blanca como la nieve, luego volvió a meterla y la sacó normal, como antes.

Moisés puso todavía otro reparo: “Pero si yo soy torpe de palabra y se me traba la lengua al hablar” Dios le respondió: “Te saldrá al encuentro tu hermano Aarón; él, que es de fácil palabra, hablará al pueblo por ti. Yo estaré en tu boca y en la suya, y os mostraré todo lo que habéis de hacer. Llévate tu cayado porque con él harás los prodigios que te he mostrado”.

Ya habían muerto los que buscaban a Moisés en Egipto, así que, regresó a su país natal acompañado de su mujer y de su hijo. Por el camino le salió al paso su hermano Aarón que, escuchando una voz del Señor, fue a su encuentro. Moisés le informó de todo lo que Yahvé le había manifestado al encomendarle tan importante misión y Aarón se ofreció para acompañarle en todas las circunstancias.

Llegados a Egipto, Moisés y Aarón reunieron a los ancianos de Israel; hablaba Aarón, que tenía más facilidad de palabra, de todo lo sucedido a Moisés con el Señor. Luego, Moisés hizo delante de los ancianos y del pueblo los prodigios que Yahvé le había enseñado, y el pueblo entero creyó y adoraron a Dios con alegría y esperanza.

Moisés y Aarón fueron a entrevistarse con el faraón proponiéndole: “Permite que nuestro pueblo celebre una fiesta en honor de Yahvé en el desierto” Pero el faraón respondió: “¿Quién es Yahvé para que yo le tenga que obedecer? No conozco a ese Yahvé y no dejaré ir al pueblo de Israel”.


El faraón endurece las penas

Moises0104El faraón se enfadó y dio orden de no facilitar, como hasta entonces, al pueblo la paja para fabricar los ladrillos, pues este era el duro trabajo al que estaban sometidos, sino que fueran ellos mismos a recogerla. “¡Pero exigidles la misma cantidad de ladrillos que antes sin quitar ni uno!”, dijo.

El pueblo de Israel tenía que apresurarse por todo Egipto en busca de paja, mientras que los capataces les gritaban: “¡Venga!, ¡Acabad vuestra tarea de cada día!”

Y si protestaban, les respondían: “¡Es que holgazaneáis, queréis perder el tiempo con sacrificios a vuestro Dios!”

Moisés suplicó a Dios ante esta injusticia y Yahvé le contestó: “Yo os libertaré de los trabajos forzados de los egipcios y os introduciré en la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a Jacob ” Luego dijo: “Ve a hablar al faraón, rey de Egipto, para que os deje salir fuera de su tierra; él no os hará caso, pero yo os sacaré haciendo grandes señales y prodigios, y los egipcios sabrán que yo soy Yahvé, cuando vean lo que va a suceder”

Moisés y Aarón se presentaron de nuevo ante el faraón. Alentado por Moisés, Aarón dejó caer su cayado que se convirtió en serpiente delante del faraón y de sus cortesanos. Sin embargo el faraón hizo llamar a sus sabios y encantadores, los cuales consiguieron hacer un prodigio similar: echaron sus báculos al suelo y se convirtieron en serpientes; pero el báculo de Aarón devoró a todos los de ellos. A pesar de eso, el faraón se negó a dejar salir de Egipto al pueblo de Israel.


Dios castiga a Egipto con plagas

Moises0105Yahvé hablo de nuevo a Moisés: “Mañana, cuando el faraón salga a bañarse al río, tú le estarás esperando; le dirás que por no haberme escuchado voy a convertir las aguas del río en sangre cuando las toque tu cayado” Moisés hizo como le había mandado Dios y dio su cayado a Aarón para que tocase con él el río delante del faraón. Al momento se convirtió todo el río en sangre, y también se convirtieron en sangre las aguas de los canales, estanques y depósitos.

Pero los magos de Egipto hicieron cosas parecidas que lograron convencer al faraón y tampoco les escuchó esta vez.

Pasaron siete días y Yahvé dijo a Moisés: “Ve al faraón y dile de mi parte: si no dejas salir a mi pueblo voy a castigar con ranas a toda tu tierra” Pero tampoco quiso hacer caso, así que subieron enormes cantidades de ranas desde el río y se metieron en todas las casas y estaban por todos lados. Los magos del faraón decían que ellos habían hecho lo mismo.

El faraón, que estaba harto de tener ranas por todos sitios dijo a Moisés y a Aarón que si alejaban las ranas les dejaría marchar, pero cuando Dios las alejó, encontró un respiro y de nuevo dijo que no.

Luego Yahvé les mandó otra plaga que consistió en gran cantidad de mosquitos por todo Egipto, pero el faraón tampoco escuchó a Moisés.

Entonces Yahvé envió otra plaga de una gran cantidad de tábanos que son unas moscas grandes. El faraón pidió a Moisés que rogara a su Dios para que se alejasen los tábanos, pero cuando se vio libre de ellos, tampoco hizo caso.

Volvió Moisés ante el faraón de parte de Dios y como no consentía en que salieran, le anunció una nueva plaga: Los ganados de los egipcios enfermarían y morirían, pero los de los israelitas no. Así sucedió, y aún así, el faraón endureció su corazón y no consintió la salida.

De nuevo dijo Yahvé a Moisés y a Aarón: “Tomad un puñado de cenizas del horno y que la tire Moisés hacia el cielo delante del faraón para que se convierta en un polvo fino que llenará a los egipcios de pupas y bultos en la piel. Así lo hicieron y sucedió tal como Yahvé había dispuesto. Los magos, que siempre estaban presentes para hacer algo similar, pretendiendo igualar a Yahvé, enfermaron también y ya no pudieron continuar más en presencia de Moisés.

Moises0106_granizoEl Señor anunció una nueva plaga en forma de granizo muy fuerte y grueso que cayó sobre Egipto como nunca antes se había visto. Destrozó los campos de cultivo e hirió a hombres y animales, pero en la tierra de Gosén, donde estaban los israelitas no cayó el granizo.

Moises0107_langostasComo el faraón seguía sin ceder ante Moisés y Aarón, Yahvé envió por el aire una gran cantidad de langostas que se comieron lo que había quedado sin destruir por el granizo y royeron todos los árboles. El faraón pedía a Moisés que las alejara, y cuando Yahvé hizo soplar un viento muy fuerte que las arrojó al mar, engañó de nuevo a Moisés y no los dejó salir.

Vocabulario

Abrevar: Dar de beber al ganado.

Aflicción: Sufrimiento, pena.

Báculo: Bastón, palo para ayudarse a caminar.

Cayado: Igual que báculo, bastón doblado por arriba.

Holgazán: Vago, que no está dispuesto a trabajar.

Papiro: Planta con la que hacían papel los egipcios.

Primogénito: Hijo primero.


Para la catequesis

  • “YO SOY EL QUE SOY” ¿Qué quiso decir Yahvé al definirse así? Pregúntalo al sacerdote.
  • ¿Qué trabajo estaban obligados a hacer los israelitas en Egipto?
  • ¿Cuántas plagas lleva enviadas Yahvé a los egipcios hasta ahora?